miércoles 13 de diciembre, 2017

Gabriel Cópola, una maravilla de Ituzaingó: ganó el parapanamericano de tenis de mesa adaptado y se clasificó al Mundial

“Un accidente te cambia la forma de desplazarte pero no la manera de vivir", dejó como mensaje el deportista, que también es docente universitario y licenciado en Educación Física. La historia de su éxito más allá de las adversidades.

Gabriel Cópola
Dale campeón! Gabriel Cópola consiguió su tercer título continental en Costa Rica

El Panamericano de tenis de mesa adaptado, en Costa Rica, trajo grandes noticias para Argentina. La delegación nacional consiguió nueve medallas en la competencia individual. En la Clase 1, Fernando Eberhardt fue campeón y Guillermo Bustamante, tercero. En la Clase 5, hubo podio argentino: Elías Romero, Daniel Rodríguez y Mauro Depérgola, en ese orden, fueron los tres que encabezaron la tabla general. Pero la gran noticia para la región oeste llegó de la mano de la Clase 3, en la que el vecino de Ituzaingó, Gabriel Cópola, obtuvo el primer puesto y se clasificó para el Mundial de Eslovenia, que se que se llevará a cabo entre el 15 y el 21 de octubre de 2018.

Gabriel fue campeón en 2011 y 2013 en su especialidad, y “repetir ahora está buenísimo”, reconoció pese a la humildad que lo caracteriza. Actualmente está ubicado en el décimo puesto del ranking mundial y atraviesa un gran nivel, de lo mejor de su carrera.

 

EL PUNTO DECISIVO EN LA FINAL DE AYER

LA HISTORIA DEL ACCIDENTE

Allá por 1995, hubo una fatídica jornada en que la vida de este deportista cambió para siempre. Estaba de festejo, por haber ganado un partido de fútbol con sus compañeros del primario. Con la euforia de la victoria colegial le pidió a su madre Adriana que lo dejara salir a andar en bici. Ella accedió, pero le ordenó que hiciera lo mismo de siempre: “salí, andá y tocame timbre cuando estés dando la vuelta manzana”. Pero Gabriel no hizo caso. En lugar de hacer cuatro cuadras rodeando su casa en Ituzaingó, decidió tomar la Avenida Gaona y volver en quince minutos.

El lugar en el que ocurrió el accidente fue Acceso Oeste, como se conocía a la actual Autopista del Oeste antes de ser concesionada. La Montaña de la Cruz es el punto geográfico exacto del relato. Ahí estaban construyendo una estación de peaje y la tierra, transformada en montículos, era muy tentadora para los ciclistas. “Siempre me tiraba por una bajadita que estaba buena. Adelante mío vi a unos pibes que se largaban de una montaña más grande y pensé ‘si estos se tiran, cómo no me voy a tirar yo que soy un campeón'”, recordó.

“Cuando voy a encarar para tirarme me asusté. Dije ‘no me tiro’. Y no me tiré. Miré para atrás y pensé, ¿me tiro o no me tiro? Ya fue.”. La bicicleta voló y él también. En el aire cerró los ojos y grito ‘Ay mamita’. Después caería al costado de la autopista y allí quedaría tirado durante una hora y media. “Pegué la espalda contra el piso, me fracturé la columna y eso me dejó como consecuencia una lesión medular por la cual no puedo caminar”, contó el joven que es un ejemplo de lucha y de superación.

Gabriel Cópola

Al rato, otros chicos pasaron con sus bicicletas por el lugar, lo vieron y llamaron a su mamá. Después llegaría la ambulancia que lo trasladaría al Hospital Posadas. Allí permanecería cien días en terapia intensiva hasta recuperarse. “El post fue durísimo. El accidente ya estaba, el tema es cuando empezás a enterarte las consecuencias. No vas a jugar más a la pelota con los pibes y vas a usar una silla de ruedas”.

En la actualidad, Copola es Licenciado en Educación Física y aunque recibe el apoyo del Enard y la Secretaría de Deporte, trabaja como docente universitario en la Universidad Nacional de La Matanza, en el profesorado de Educación Física de Luján y en el Servicio Penitenciario Bonaerense, más concretamente en la Unidad Penal N° 39 de Ituzaingó . Empezó a jugar al tenis de mesa adaptado luego de ver a alguien que lo hacía en un programa de televisión: el de Susana Giménez.

El día que le dijeron que no volvería a caminar lloró por única vez por el accidente sufrido. “Mi padre me contó que la historia la escribían los hombres, los valientes y que había que continuar así. Con el tiempo entendí: la historia la escriben los que ganan las batallas. Los que mueren no la pueden escribir. Era reinventarme y volver a escribir la historia. Un accidente te cambia la forma de desplazarte pero no la manera de vivir”, cierra, mientras prepara las valijas para volver a la Argentina a seguir trabajando y entrenando por un nuevo sueño mundial que le espera el año próximo.

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