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martes 23 de julio, 2019

Los vecinos de la fábrica Rousselot aguardan que la clausura preventiva que dispuso el Municipio sea definitiva

Anoche se cumplió el plazo de 96 horas que dispuso el Gobierno local de Hurlingham para que la empresa presente un plan de obras para adecuarse a las exigencias ambientales que impidan que las emanaciones continúen perjudicando a la salud de la población.

Fábrica Rousselot
El intendente proyecta una reunión con los vecinos para los próximos días en donde les confirmará el fin del proceso productivo de la fábrica

Expectantes. Así continúan por estas horas los habitantes de la zona de Villa Tesei linderos a la fábrica de gelatinas Rousselot, que fue clausurada de manera preventiva la semana anterior por el Municipio luego de una orden ratificada por el juez de Faltas Rafael De Francesco por “incumplir el plan de mejoras”.

“Hasta que no regularicen la situación vamos a interceder para que dejen de producir”, informó el Gobierno de Juan Zabaleta a través de las redes sociales, luego de la primicia que brindó Primer Plano On Line el viernes pasado, con declaraciones del mandatario en las que expresaba: “Recibí a los vecinos hace 830 días por primera vez. Manifestaron su reclamo. Después nos reunimos con la fábrica y recibimos su compromiso de hacer un plan de obra y readecuación de las instalaciones que lo iban a concluir en seis meses. Eso no ocurrió, y lo que privilegiamos es la calidad de vida de nuestros vecinos”.

Sin embargo, un nuevo frente de batalla se abre en la disputa con la firma multinacional, porque la decisión final de la clausura excede al Municipio. Quienes tienen bajo su responsabilidad el cierre o los controles respectivos para que terminen las emanaciones son el Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) y la Autoridad del Agua (ADA), pero hasta el momento las inspecciones respectivas no se realizaron. Por eso la bronca vecinal va en aumento. Incluso por la nula intervención de la justicia, más allá de las presentaciones y los testimonios brindados por los habitantes de la zona.

“Lamentamos mucho la gente que está trabajando adentro. No estamos en contra de ellos ni nada por el estilo, pero esto nos está perjudicando a la salud por la penetración de ese olor en nuestros hogares. Alergias, nauseas, vómitos, dolores de cabeza, todo tipo de consecuencias por lo que emana la fábrica”, señaló Oscar Cragno, uno de los abanderados de la lucha vecinal, en conversación con Adrián Noriega durante la emisión del programa periodístico Primer Plano.

Las dudas sobre si fue preventiva la clausura o definitiva se la plantean los mismos frentistas de ese lugar. En rigor, no puede ser un cierre total de la empresa salvo que el Municipio revoque la habilitación para operar, y eso hasta el momento no ocurrió. Aunque es un paso posible si el famoso plan de obras reclamado se incumple una vez más.