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martes 23 de julio, 2019

EXCLUSIVO: detuvieron a un empresario de Morón prófugo desde 2016 por haber abusado sexualmente de sus hijas

La dramática historia de 11 hermanos, de los cuales seis son mujeres, empieza a tener ribetes de justicia con la detención del acusado, que se movía con total impunidad y hasta seguía yendo a la empresa de membranas de su propiedad en Pacheco.

Alejandro Leguizamón
Alejandro Rosario Manuel Leguizamón fue arrestado por agentes de la DDI Morón en una casa que alquilaba en Rafael Castillo

La Policía de la Provincia de Buenos Aires detuvo ayer en la localidad de Rafael Castillo a un empresario oriundo de Castelar Sur, en Morón, acusado de haber abusado sexualmente, incluso con acceso carnal, a por lo menos cuatro de sus seis hijas mujeres. El depravado cayó en una vivienda que alquilaba pese a que estaba prófugo desde 2016 y sobre quien pesaba un pedido de captura emanada por la UFI Nº 11 de Morón, especializada en violencia de género e intrafamiliar.

Se trata de Alejandro Rosario Manuel Leguizamón, a quien una de sus hijas biológicas lo denunció en abril de 2016 luego de las vejaciones a las que la sometió y tras escribirle una carta en la cual le proponía irse a vivir como pareja. “Lo mío con vos no es abuso, es incesto. Yo estoy enamorado de vos, y juntos tenemos que hablar con tu mamá para que ella haga una terapia y lo acepte”, decía el aberrante escrito.

La joven, que tenía 26 años en ese momento, no se animó a contarlo a sus hermanos entre otras cosas por temor, porque trabajaba con el abusador en la fábrica de membranas Techflex en la localidad de General Pacheco, en el partido de Tigre. Lo concreto es que, en una reunión familiar, sus hermanas la contuvieron para que hable y cuente su calvario. De ese encuentro surgió que no había sido la única sometida. “Con acceso carnal fueron violadas mis dos hermanas mayores”, contó Evangelina a Primer Plano Online.

La mujer que dio su testimonio a este medio reveló que esa conversación familiar abrió las puertas para que la denuncia se efectivice, porque el padecimiento no era individual sino de casi todos los hijos, incluso uno de los varones, que además de maltrato había sufrido manoseos por parte de su padre.

“Para que haga la denuncia la tuvimos que esconder, porque él tenía un revólver y la amenazaba con que la iba a matar si hablaba. Pero ella se animó y con el apoyo de toda la familia fue a la Fiscalía, en donde le pidieron que otra hermana ratifique los dichos. Lo denunció el 16 de abril de 2016 y el 21 él se profugó. Durante esos cinco días, él se levantaba todas las mañanas y salía a amenazar a vecinos y amistades de mi hermana para que le digan dónde estaba. Incluso a mí me puso el arma en la cabeza para que le diga qué sabía”, relató Evangelina.

La impunidad de este sujeto era tal que un día fue a la fábrica de su propiedad y obligó a uno de sus yernos (marido de otra de sus hijas, no la denunciante) a que se paseara en calzoncillos por la planta, delante de los operarios y de sus otros socios. Y lo amenazó a que si realizaba la denuncia lo iban a echar.

Cuando la DDI Morón les confirmó ayer la noticia de su detención, en la casa de Evangelina se escucharon algunos festejos íntimos entre las hermanas y su propia madre, que acompañó la denuncia desde un primer momento. La causa está caratulada como abuso sexual con acceso carnal agravado por el vínculo en dos casos, abuso sexual simple también agravado en otros tres casos (incluido el del hijo varón), además de violencia intrafamiliar, debido a los golpes a modo de castigo que les aplicaba a sus hijos. Por eso, el abogado de la familia, Yamil Castro Bianchi, confía en que, a partir de la detención, se pueda llegar a un juicio lo más rápido posible y que la condena sea ejemplar.

Evangelina recordó que su padre los hacía dormir afuera de la casa y hasta arrodillarse cuando habían hecho algo que no le gustaba. El mayor de sus hermanos tiene 33 años y el menor 13, y todos son hijos del mismo matrimonio. Los cuatro más chicos actualmente viven con la mamá y el resto, ya adultos, viven con sus respectivas parejas o en soledad, pero en otro domicilio.

“Los abusos son desde que íbamos a jardín. A mí me decía que si yo le contaba a alguien nadie me iba a creer, y que nadie me quería, por eso no tenía sentido que hable. Incluso un día se excusó diciendo que nosotras lo provocábamos. Así que estamos muy felices con que ahora esté preso y pague por todo lo que nos hizo”, cerró Evangelina.