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viernes 18 de octubre, 2019

Increíble historia del hampa: integró la temible banda de los Doce Apóstoles de Sierra Chica y ahora está preso en Ituzaingó por tenencia de drogas

Gustavo Javier Arin fue apodado ‘Pelado Maradona’ por jugar al fútbol con la cabeza de uno de los decapitados en el temible motín de 1996, que dejó ocho muertos. Ahora enfrenta un juicio en los Tribunales de Morón por haber sido encontrado con cocaína entre sus ropas.

Gustavo Arin
El momento de la detención de Gustavo Arin, el 10 de agosto de 2018 en Ituzaingó

Durante la Semana Santa de 1996, un grupo de presos a los que se conoció con el nombre de ‘Los Doce Apóstoles’ intentó -sin éxito- una fuga del penal de Sierra Chica. En la reyerta se originó un sangriento amotinamiento, con toma de rehenes y enfrentamientos entre los internos.

El motín duró ocho días y dejo idéntica cantidad de muertos, a razón de uno por jornada. En el año 2000, 24 de los involucrados fueron a juicio. Allí, 17 detenidos recibieron condena (seis a reclusión perpetua, ocho a 15 años de prisión, dos a 12 años y uno a 6 meses), mientras que los restantes terminaron siendo absueltos.

Uno de los que no recibió pena por ese hecho fue Gustavo Javier Arin, a quien en la jerga de la cárcel apodaron como ‘El pelado Maradona’, no sólo por sus virtudes para el manejo de la pelota sino porque, en medio del sangriento episodio, lo vieron jugando un picado de fútbol con la cabeza de Agapito ‘Gapo’ Lencinas, el líder de la banda contraria, a quien decapitaron.

La vida de Arin continuó en Ituzaingó, donde se radicó luego de cumplir el castigo que recibió por robo agravado. Cuando lo consultaban por su ocupación respondía “chapista”, y daba la dirección de un taller en el que el dueño contó que nunca había trabajado. Se lo ligó a una banda de piratas del asfalto y hasta se lo vinculó con la Policía en diversas ocasiones, pero no tuvo mayores conflictos con la ley.

Acta Arin 1

Hasta que el año pasado, más concretamente el 10 de agosto de 2018, fue aprehendido en la esquina de Olivera y Aquino, en el distrito que habitaba. “Durante un operativo de control de rutina, dos efectivos notaron nerviosismo en su actitud. El hombre agachó la cabeza y comenzó a caminar más rápido del ritmo que traía”, explicó una fuente judicial a Primer Plano Online.

A los pocos metros, Arin fue abordado por los efectivos, quienes le indicaron que se detenga para identificarse. Lo requisaron y no tenía armas ni tampoco algún elemento con el que pudiera lastimarse o provocar daños a terceros, pero en uno de los bolsillos de su buzo negro llevaba cocaína en dosis fraccionadas por bolsas de nylon.

Desde ese entonces, aquel integrante de la salvaje banda de los Doce Apóstoles permanece detenido, en el marco de una causa por tenencia simple de estupefacientes, penado por el artículo 14 de la Ley 23.737. En el juicio, que se llevó a cabo en el Juzgado Correccional Nº 4 de Morón a cargo del juez Lucas Varangot, Arin aceptó que tenía la droga, pero aclaró que era consumidor asiduo de la sustancia y que la había ido a comprar a una villa en el Bajo Flores. Y también mostró su frialdad ante el proceso que enfrenta: “desde los ocho años estoy en reformatorios”, le dijo a las autoridades que lo interpelaron.

Sin embargo, el fiscal Antonio Ferreras consideró que la cantidad que le secuestraron excede largamente la tenencia para consumo personal, por lo que solicitó una condena a tres años de cárcel con reincidencia, por el proceso anterior que atravesó el imputado. Eso quiere decir que, en caso de aceptar ese monto de pena el juez, Arin deberá cumplir la sentencia de manera efectiva. Y estará la totalidad de la condena tras las rejas otra vez, un lugar que claramente no le es extraño.

La sentencia se dará a conocer la próxima semana.

Acta Arin

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