Tuesday 22 de September, 2020

La Matanza: en una escuela pública, chicas y chicos se unieron contra el machismo

 

Hace más de un año, por inquietud de los alumnos y oído atento de las docentes, la Escuela Secundaria Básica Nº41 de La Matanza comenzó un proyecto propio sobre violencia de género. Ahora, luego de la segunda convocatoria callejera de #NiUnaMenos, chicas y chicos de ese establecimiento educativo dicen que pensar y trabajar ese tema en el aula les cambió cosas en la vida cotidiana, dentro y fuera del colegio

 

Por los pasillos de la escuela, guirnaldas celestes y blancas que sobrevivieron al festejo del 25 de mayo acompañan carteles manuscritos, que los alumnos dejan a su paso durante el año. Cartulinas y algún cartón dan cuenta de lo que chicas y chicos trabajaron sobre historia y memoria por el 24 de marzo, sobre Malvinas (que aquí tiene un peso particular, porque de los barrios alrededor eran oriundos muchos de los conscriptos que viajaron a las islas para combatir, algo que este año motiva un proyecto de historia oral de la Escuela), sobre derechos de niñas y niños.

 

Cerca de la puerta de un aula, otro cartel dice: “la violencia deja marcas, no verlas deja femicidios”, y un dibujito esquemático, debajo, representa una tumba. Unos metros más allá, en su oficina, la directora Patricia Gergel y la docente Gabriela Carrizo dicen del año pasado a este algo quedó, que queda mucho, en realidad, porque entre autoridades y alumnos pasó (y pasa) algo.

 

Dan un ejemplo: la muestra de cierre del ciclo lectivo de 2015, en la que los chicos compartieron con compañeros de otros cursos y con sus padres lo que estuvieron trabajando. En su oficina, Gergel abre un armario y empieza a revolver; al cabo de unos minutos emerge con un ejemplar anillado que recopila textos escritos por chicas y chicos de una comisión de 1º el año pasado. El “Libro de trabajo” del curso preservó, por ejemplo, relatos que proponen ejercicios y brindan algunos testimonios de “historias cotidianas” –en todos los casos, los producidos por chicas y chicos–.

 

Los estudiantes “hicieron cuentos, que están en un librito que quedó en la biblioteca de la escuela. También, una nena, de un día para el otro, vino y me dijo ‘profe, escribí un cuento sobre violencia de género’. Y me lo trajo y resultó que era una obra de teatro. Entonces le dije: ‘vamos a actuarlo’, y lo hablamos con el curso”. Chicas y chicos acogieron con entusiasmo el texto de su compañera y la idea de la docente. El texto era “Cuando las flores hablan”, la obra de teatro escrita por una de las alumnas, Micaela Mollo Pizarro, quien quiso contar la historia de una familia con padre violento y madre víctima de su violencia.

 

La experiencia pretende ser trasladada a otros rincones de la sociedad. Por eso, poco antes de la primavera se va a traducir en una caminata por el barrio organizada por los docentes de Educación Física y Construcción de la Ciudadanía. “Los chicos quieren salir con cartulinas, muñecos, folletos hechos por ellos mismos sobre violencia de género, abuso sexual. Quieren compartir información sobre los procedimientos a seguir en casos de denuncia de ataque sexual, por ejemplo”, cerró la directora.

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