Tuesday 20 de October, 2020

4.500 pesos por un trío: la oferta de ‘La Madrina del Oeste’ que quedó registrada en una escucha

La banda desbaratada ayer en Ramos Mejía ofrecía servicios sexuales y combo de cocaína y marihuana a los clientes. Un llamado al 911 fue clave para que la justicia investigue el lugar.

La Madrina del Oeste
La Chilly (izquierda) y la Madrina encabezaban la organización que explotaba sexualmente a mujeres y comercializaba drogas en Ramos Mejía

Claudia B., o ‘La Madrina del Oeste’, contaba con un plantel rotativo de mujeres que presentaba en sitios web de escorts. Para conocerlas había que acercarse hasta el departamento ubicado en pleno centro de Ramos Mejía. «Y bueno, llamaste al lugar indicado», apuntó su asistente conocida como ‘La Chilly’ a un interesado que llamó hace algunos días, sin saber –de ambos lados del teléfono- que la línea estaba siendo intervenida.

 

El hombre, que se contactaba porque quería pasar “un rato lindo», consultó por las tarifas. “¿Cuánto piden, más o menos?», preguntó: «1.500 la hora, mil la media», le dijo al posible cliente, «4.500 el trío.» El joven le preguntó la dirección a Nancy, con claras ganas de ir. «Dale bombón, nos vemos», se despidió la telefonista.

Esa fue una de las puntas de la investigación. Pero no la única. Un llamado al 911 dos meses atrás había alertado a la fiscal Analía Córdoba y a la división Trata de Personas de la Dirección Crimen Organizado de la Policía Bonaerense a investigar el lugar. La ‘Madrina’ fue detenida en su casa de Lomas del Mirador, en donde los investigadores se encontraron con un pequeño laboratorio para procesar y estirar base de cocaína con químicos como acetona, lidocaína y cafeína junto a tres kilos de droga, tal cual informó este medio ayer.

Pero, con el correr de las horas, este medio pudo acceder a más detalles de la pesquisa. Por caso, que el teléfono celular de la mujer fue intervenido junto a la línea fija del privado. Y de allí surgieron datos clave las escuchas revelaron términos como «camisas», «pantalones» y «remeras», códigos para deliveries de droga que harían las mujeres que trabajaban en el prostíbulo cuando iban en remis a encontrarse con clientes o directamente en el privado.

«Vino a buscar falopa y se la tuve que dar», le dijo a un conocido. «¿Plata?», le respondió, mitad haciéndose el tonto, mitad sorprendido. «No, falopa», aclaró Claudia. «¿Hay falopa ahí también?», le respondió: «¿Cuánto están los cinco? Me quiero tomar cinco gramos.»

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