Sunday 17 de October, 2021

“Acá te voy a enterrar viva”: el drama en primera persona de una víctima de violencia que escapa con su hija

Gabriela vivió atormentada durante varios años por el padre de su chiquita y logró ponerse a salvo gracias a la colaboración de un empresario y organizaciones de la región oeste. El crudo relato del horror en primera persona. Qué hacen la justicia y el Estado frente a situaciones así.

Gabriela y su pequeña hija en una plaza: es una de las pequeñas salidas que tienen juntas para tomar algo de aire libre

Para entender la hoguera de la que intenta salir Gabriela (su apellido no será publicado para preservar a ella y a su hija) hay que remitirse a 2007, cuando conoció a un hombre que vivía cerca de su casa, en Berazategui, y arrancó una relación amorosa que terminó siendo una cárcel. Fruto de ese vínculo nació una hija y ni siquiera durante el embarazo la mujer tuvo paz. Pero ahora, lejos de todo, está dispuesta a seguir luchando para salir adelante y encontrarse con una vida sin violencia.

La protagonista de este relato tiene actualmente 42 años y se encuentra refugiada en un lugar oculto por temor a que su expareja la encuentre. Cobra un subsidio de diez mil pesos mensuales como parte del programa Potenciar Trabajo, y hasta le quitaron la Asignación Universal por Hijo en febrero debido a que el padre de la chiquita se presentó en la delegación ANSES de Berazategui con “testigos truchos y logró que me la saquen”.

En una extensa charla con Primer Plano Online, Gabriela relató que su calvario se inició a tres meses de irse a vivir con Diego Norberto Demaría, el sujeto al que denuncia desde más de una década. “La violencia de él hacia mí comenzó cuando la familia le empezó a llenar la cabeza en mi contra. ‘Fijate que te va a meter los cuernos’, le decían la madre, la hermana y la sobrina. Él se iba por varias horas y cuando volvía, drogado, me pegaba”, reveló la mujer.

El círculo de violencia física y verbal se profundizó a punto tal que el hombre “me puso dos veces un revólver en la cabeza y gatilló, me quiso ahorcar reiteradas veces y tuve tres costillas fisuradas”, detalló. Pero no sólo por parte del sujeto, sino que la madre de él “me pegó piñas en la panza durante el embarazo porque quería que aborte”.

Gabriela contó que no podía escapar, estaba siendo sometida y la relación mediante la cual se produce la gestación de la nena “no fue consentida”. “Eso no quita que yo ame a mi hija y de la vida por ella”, aclara la mujer refugiada.

DE ESCAPES Y REFUGIOS

La hija de Gabriela tiene ocho años y recién cuando tenía 16 meses de vida la mujer logró liberarse de ese infierno. Contó, para eso, con una ayuda que aún estima y agradece: el padrastro de Demaría. Minutos antes de poder irse, luego de permanecer encerrada con candados en la vivienda ubicada en el distrito del sur del conurbano, esa suerte de ángel guardián escuchó una frase que lo motivó a hacer algo de justicia.

Fue una fuga de película, que la recordó así. “Mi ex había hecho un pozo de tres metros de profundidad al lado de la ventana, me hizo mirar y me dijo ‘acá te voy a enterrar viva’. El padrastro estaba en la casa delantera, escuchó todo y cuando todos se fueron se acercó con las llaves, me abrió y me dijo que junte todo y me vaya. En ese momento en que estaba saliendo me empezaron a tironear a mi nena entre la madre de mí ex y la sobrina y la solté, para que no la lastimen. Salté el portón y escapé”.

Gabriela no se fue muy lejos, de todos modos. Dos vecinas la tuvieron escondida 13 días en un domicilio casa mediante a la de Demaría. La acompañaron hasta la comisaría, hasta la Fiscalía, le dieron cobijo y alimento y “me salvaron la vida también”. En ese lapso hizo la tramitación judicial para recuperar a su hija, cosa que consiguió pese a la negativa de la familia paterna de entregarla. Allí intervino el Juzgado de Menores de Bernal.

Si existe un quiebre en todo este drama es ahí. Primero, porque escapó y recuperó a su hija. Después, porque la justicia empezó a darle respuestas, con restricciones perimetrales de acercamiento. “Hasta llegué a tener custodia policial con un móvil fijo en mi casa”, rememoró. Pero el violento insistía y se presentaba para amenazarla. En el marco del régimen de visitas con la nena, incluso, el sujeto una noche que se llevó a la chiquita la llamó por teléfono, se la puso al habla y le aseguró que era la última vez que oía su voz porque se la iba a llevar a Brasil y a vender por 50 mil euros.

Desde hace algunas semanas, Gabriela se enteró que la están buscando, y que incluso la campaña se desplegó por todo el país a través de redes sociales. ¿Es que quién se negaría a compartir la búsqueda de una mujer y su hija de ocho años supuestamente desaparecidas? El tema es que no es real lo que se cuenta en esos posteos: en rigor, ambas están refugiadas, escapando de la violencia a la que estuvieron sometidas.

Madre e hija están siendo cobijadas por una ONG de la zona oeste (Razonar), que le brinda alojamiento y ayuda alimentaria. Colabora con el refugio para las dos el empresario y dirigente del peronismo de Morón Ariel Dybner, que “me ayudó mucho, hasta conseguir el lugar donde estamos, y nos sigue acompañando”, afirmó Gabriela. Su caso, mientras tanto, está radicado en el Juzgado de Familia Nº 2 del Departamento Judicial de Quilmes.

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