Friday 15 de January, 2021

Científica del CONICET creó sensor de detección de metales pesados en la cuenca del Riachuelo

Con el instrumento, en media hora se puede tener la capacidad de teñir el agua de color verde, y dar una alerta para saber si el agua es apta para consumo humano o está contaminada con elementos como plomo, cadmio, zinc, cobre o níquel.

El objetivo del proyecto es complementar los datos de estos sensores con los obtenidos en las estaciones de monitoreo de agua que funcionan en ACUMAR

Daiana Capdevila, química del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de Buenos Aires (IIBBA, CONICET-Fundación Instituto Leloir), diseñó un sensor que funciona aislando las proteínas de las bacterias, y mezclándolas con un reactivo para que den una señal verde si el agua está contaminada.

Con estos sensores biológicos, en media hora, se puede tener la capacidad de teñir el agua de color verde, y dar una alerta para saber si el agua es apta para consumo humano o está contaminada con metales pesados como plomo, cadmio, zinc, cobre o níquel.

El objetivo del proyecto es complementar los datos de estos sensores con los obtenidos en las estaciones de monitoreo de agua que funcionan en ACUMAR, donde además se creó la Coordinación de Ciencia y Tecnología con el objetivo de potenciar la relación del organismo con el conocimiento.

CIENCIA APLICADA AL RIACHUELO

Cuando Capdevila volvió hace poco tiempo a la Ciudad de Buenos Aires, empezó a trabajar en la parte práctica de su sensor y se puso en contacto con ACUMAR, organismo que preside el exintendente de Morón Martín Sabbatella. La joven científica detalló los alcances de su trabajo.

¿Cómo se te ocurrió este sensor?

-Yo venía trabajando en las proteínas que forman parte del sensor de Rosalind durante la mayor parte de mi posdoctorado en Estados Unidos. En el tercer año del post doctorado, trabajaba más en la parte biomédica, en tratar de entender cómo estas proteínas ayudan a las bacterias a sobrevivir a condiciones de estrés, nada que ver con los contaminantes en agua. Esas proteínas resultaron específicas para poder distinguir un contaminante de otro. Entonces empecé a pensar cómo podía servir y qué uso le podía dar.

-¿Qué crees que puede aportar al saneamiento del Riachuelo?

-En 2019, vine a Argentina y empecé a trabajar con una gente que trataba de optimizar el sensor en aguas superficiales. Empecé a pensar en cómo aplicarlo acá y pensé en el Riachuelo. Me puse en contacto con ACUMAR, que justo quería contribuir con proyectos de desarrollo. De entrada, fue claro que la limitante era poder reconciliar las mediciones que había hecho en EEUU y las que se podían hacer acá con sus complejidades. En medio de un año de pandemia todavía no pudimos empezar a medir, pero, pienso que esta tecnología puede ayudar a avanzar con los distintos objetivos de ACUMAR.

-¿Cómo es de acá en adelante el trabajo?

-En primer lugar, poder medir con nuestros sensores el agua de la Cuenca, tanto el agua superficial como de consumo y ver cuáles son las interferencias. A mediano plazo, pensar cómo va a ser la validación de los sensores y avanzar con sensores nuevos. Podemos cambiar una proteína por otra y usar la misma tecnología para medir otro contaminante. Vamos a empezar con plomo y seguir con arsénico.

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