Saturday 31 de October, 2020

Comenzó el juicio por el femicidio de Verónica Poggi en Hurlingham, la embarazada que cayó desde una terraza de 6 metros: el acusado es su pareja

El imputado Gustavo Huerta que está detenido desde pocas semanas después del hecho. En la primera jornada del debate oral y público declararon un delivery que pasaba por el lugar, el policía que llegó a la vivienda y una vecina que habló de una “relación tormentosa”.

Juicio por femicidio de Verónica Poggi
Gustavo Huerta llegó detenido al juicio: la justicia intentará probar si empujó a su mujer desde la terraza de la casa que compartían

Comenzó en los Tribunales de Morón el juicio contra Gustavo Sebastián Huerta, el hombre acusado por el femicidio de su pareja, Verónica Poggi, quien murió luego de agonizar varias semanas por las heridas que sufrió al caer de la terraza de la casa que compartían sobre la calle Bruselas al 400, en el barrio Parque Quirno de Hurlingham. El hecho está siendo juzgado por los jueces Andrea Bearzi, Alejandro Rodríguez Rey y Cristian Toto, del Tribunal Oral Criminal (TOC) Nº 6, y la acusación que pesa sobre el imputado es la de “homicidio agravado por haber sido perpetrado por un hombre contra una mujer, mediando violencia de género y aborto doloso sin consentimiento de la mujer, en grado de tentativa, todo ello en concurso real entre sí”. Es decir, todo indica que el hombre empujó a la mujer.

El hecho que los magistrados juzgan se produjo el 1 de diciembre de 2016 y fue investigado por la Fiscalía Nº 10, especializada en Violencia de Género e Intrafamiliar. De hecho, los fiscales Paula Hondeville y Hernán Moyano son los encargados de llevar adelante la acusación contra Huerta, quien está detenido desde pocas semanas después del episodio. La víctima estaba embarazada de 27 semanas, y tanto ella como su criatura murieron al poco tiempo de haber caído desde una altura de aproximadamente seis metros luego de una fuerte discusión entre el acusado y Poggi.

Juicio por femicidio de Verónica Poggi
Los jueces Cristian Toto, Andrea Bearzi y Alejandro Rodríguez Rey son los encargados de orientar el debate

Ayer lunes, en la audiencia inicial, la primera persona en declarar ante el tribunal fue Matías, un joven dedicado a realizar deliverys en ese entonces. EL muchacho declaró que él circulaba en horas de la tarde por la calle Bruselas y escuchó el llanto y los gritos de la mujer que había caído al vacío instantes previos. El panorama que describió era dantesco: Verónica tirada en el piso, con sangre en su rostro en el jardín que da al frente de la casa. Cuando se acercó a ella, entre llantos y gritos de dolor, escuchó a la mujer decir ‘no, Gustavo, no, basta’. Casi al unísono, desde la terraza escuchó la voz de Huerta gritándole “tómatela pibe, vos no tenés nada que hacer acá”. Matías reconoció al acusado en el recinto como la persona que le destinó esas palabras, en tono amenazante. Antes lo había descripto como alguien de contextura robusta, alto y de pelo largo, fisonomía que aún conserva.

El testigo reconoció que se fue del lugar porque se sintió intimidado por Huerta, se trasladó hasta la esquina de la vivienda y, desde allí, llamó al 911. En el juicio se escuchó la conversación que el delivery mantuvo con la operadora del sistema de emergencias, a través de la cual solicitó la presencia policial y de una ambulancia. Tanto el móvil de seguridad como el de salud llegaron a los pocos minutos. El joven fue felicitado por el tribunal y por los fiscales del juicio por su actitud y su compromiso como ciudadano.

El juicio tiene su nudo probatorio en lo que ocurrió luego de la caída, dado que Verónica no responsabilizó de entrada a su pareja de haberla arrojado al vacío. Sin embargo, según fuentes de la investigación, Huerta se quebró con el paso de los días y confesó lo sucedido. Además, fueron varios los testimonios recopilados en la instrucción de vecinos y allegados a la familia que dieron cuenta de una relación “violenta” y “tormentosa”. Una suerte de antesala del sangriento final. En el Hospital Posadas el parto fue provocado. El bebé murió a los tres días de haber nacido a través de una cesárea de urgencia y su mamá al mes y medio del hecho. Antes de morir, la victima recordó lo sucedido aquella tarde en su casa.

Juicio por femicidio de Verónica Poggi
Los fiscales Hernán Moyano y Paula Hondeville durante la primera jornada del juicio, en donde se escucharon los testimonios de los primeros testigos

El segundo testigo fue un subteniente de la Policía bonaerense, quien llegó al lugar luego de un llamado al 911 acompañado por un empleado de la Secretaría de Seguridad de Hurlingham. De entrada daba a entender que no recordaba mucho del episodio, aunque luego, ante la insistencia y las preguntas del tribunal y de los fiscales, comenzó a ser más concreto y específico con su relato. Narró que llamó a la ambulancia, que notó un desorden general en el interior de la casa y contó que Huerta, el acusado, le decía que Verónica se había tirado por decisión propia. También le detalló al oficial que la mujer estaba tomando medicación (hasta le mostró las cajas) y previamente a arrojarse habían discutido. En la escena había tres menores: un bebé en manos del imputado, y dos chicos más que estaban llorando. Si bien Verónica estaba golpeada, dolorida y llorando, no había perdido la conciencia y se manifestaba temerosa en ser atendida. El policía notó que estaba embarazada, dado que su panza era notoria, y también percibió que Huerta en ningún momento se mostró preocupado sino que mantuvo una actitud fría y distante.

La tercera de las testigos presentada fue Susana, una vecina que vive justo enfrente de la casa en donde sucedieron los hechos. Ella reveló que escuchaba seguido gritos e insultos, que el acusado en muchos casos se iba de la casa con la nena (que era hija de Verónica) y dejaba a su mujer encerrada en la vivienda. Ese gesto de llevarse a la menor, en la opinión de la declarante, era como una suerte de reaseguro para que la víctima fatal no se vaya de ese hogar. “Era una relación tormentosa. Incluso el día en que cayó la escuché a Verónica gritar ‘perdí a mi bebé’”, expresó, para luego manifestar a los jueces que vio cómo esa tarde Huerta y su pareja peleaban en la terraza, aunque aclaró que no pudo ver cómo la mujer cayó al vacío. También reconoció que varios vecinos de la cuadra le tenían “miedo” al imputado por su mirada desafiante y su forma de ser. Coincidió con el subteniente en el hecho del desprecio que mostró en su actitud Huerta hacia su mujer mientras Verónica estaba siendo atendida.

El juicio continuará entre hoy martes y mañana miércoles, mientras que el jueves será el momento de los alegatos. En caso de ser hallado culpable, Huerta podría recibir una condena a perpetua.

Verónica Poggi y Gustavo Huerta
Verónica alcanzó a contar antes de morir que su caída no fue accidental sino que fue arrojada por su pareja

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