Thursday 20 de January, 2022

El comerciante de Ituzaingó que no entendió de que se trata el cambio de época

Con frases que incluyeron maltrato verbal y acoso hacia una joven empleada que recién ingresaba a trabajar en su local, el hombre terminó golpeado por el padre y el hermano de la chica. La víctima recopiló varios mensajes en redes sociales con otras mujeres que pasaron por situaciones idénticas.

La marroquinería en cuestión está ubicada en pleno centro de Ituzaingó, sobre la calle Soler, entre Mansilla y Olazábal

Una joven vecina de Ituzaingó contó en sus redes sociales la triste experiencia que vivió en su primer día de trabajo en un comercio dedicado al rubro marroquinería ubicado en la calle Soler, entre Mansilla y Olazábal, en pleno centro del distrito.

Iara Rivas tiene 21 años y dejó en la semana un currículum porque pasó por el lugar y vio un cartel que indicaba la búsqueda de una empleada en el lugar. “Es muy conocido, hace mil años está ese negocio”, contó la joven en conversación con Primer Plano Online. El jueves tuvo la entrevista laboral, en la que lo primero que le pidió el dueño del local fue que se baje el barbijo.

“No tenés nada de experiencia en el rubro”, le comentó el hombre, a lo que la chica respondió que no, que su pasado laboral era en gastronomía. “Pero tengo experiencia en atención al público”, contestó Iara. “Mañana a las 9 empezás”, oyó como afirmación, tras recibir una suerte de radiografía de su rostro y de su cuerpo. Se retiró contenta de haber encontrado una chance de empleo concreta.

Pero su primer día de trabajo se convirtió en el último. Iara arranca contando la triste aventura que vivió aclarando que “no me fui vestida provocativa ni nada”. Error: la forma de vestirse jamás puede habilitar la violencia de ningún tipo contra una mujer. Sería invertir la carga de la prueba.

Iara Rivas decidió hacer público lo que le ocurrió y pidió a otras chicas que «no se callen» si les ocurre algo similar

Cuando llegó se encontró con una compañera, con la que se intentó poner al tanto de cómo era la forma de pago y la cantidad de horas que se trabajaba. Claro, esas cuestiones no las había conversado con el empleador. “Es medio agresivo, tenés que saber manejarlo. Y no le hables de política, sobre todo si sos peronista porque te va a tratar remal. Hablale de Macri que le vas a caer bien”, le reveló la chica.

Cerca de las 11, el dueño del comercio, llamado Alejandro según lo poco que supo Iara, llegó al lugar y entró hablando por celular con tono de voz elevado. Ambas empleadas limpiaban mochilas cuando el propietario, sin siquiera saludar, se dirigió a la nueva trabajadora para decirle “vos no sos la de la foto de tu WhatsApp, ¿es tu gemela?”. “No, soy yo”, respondió. “Estás más linda ahora, ahí tenés una cara de loca…”, siguió el hombre.

En un momento Iara y Alejandro se quedaron solos, porque la otra empleada fue a hacer un trámite bancario. Y la joven aprovechó para consultar sobre las distintas inquietudes laborales, como la forma de pago y la cantidad de días. Primero se sorprendió con las condiciones: doce horas de jornada de lunes a sábado por 1.500 pesos diarios, lo que redondeaba un salario de 36 mil pesos al mes. 

En ese diálogo lo peor estaba por llegar, y fue cuando ella se sinceró al plantearle que lo único sobre lo que tenía reparos era sobre el maltrato, que ya había sufrido en otros trabajos. “¿Que te maltraten? ¿Querés que te lleve al fondo, te ate y te de con un látigo? ¿O preferís una toalla mojada?”, le preguntó.

“Nerviosa y riéndome le dije creo que prefiero la toalla”, contó Iara en la charla con este medio. “Con alta cara de pajero (sic), me dijo ah, ¿ya probaste? Entonces te gusta”. Justo en ese momento regresó del banco la otra empleada, que no había podido sacar dinero del cajero. Eso molestó a Alejandro, que se terminó yendo del local. Esa circunstancia la aprovechó Iara y también se fue del lugar.

La joven tomó el colectivo, le contó llorando por celular a su papá lo que había pasado y él le pidió que se baje y lo espere. Fue a buscarla junto al hermano de Iara, regresaron al local y hubo una fuerte discusión, que terminó con golpes. En pocos minutos se llenó de gente, y la Policía que intervino para separar le recomendó a Iara que haga la denuncia en la Comisaría de la Mujer, cosa que hará hoy mismo.

“Yo hubiera hecho lo mismo”, escuchó la chica que un efectivo policial le dijo a su padre. Iara no volverá a pisar ese lugar y ahora espera por arrancar la carrera de Obstetricia en la Universidad Nacional de Hurlingham, a donde ya está anotada para el ciclo 2022. Y no para de recibir mensajes en sus redes de otras chicas que sufrieron lo mismo, a las que les recomienda: “tengan cuidado, no se callen por un poco de plata”.

Seguinos en nuestra cuenta de Instagram ó unite a nuestro canal privado de Telegram