Wednesday 29 de June, 2022

¿Cuánto vale la vida? El valor de una condena en manos de tres jueces que tienen la potestad de hacer justicia

Tras el detalle que Primer Plano On Line brindó durante toda la semana de lo que fue el juicio por la picada fatal de Haedo, ahora todas las miradas están puestas en la decisión de los magistrados, que deben dirimir entre el homicidio simple con dolo eventual o el hecho de tipo culposo.

Picada fatal de Haedo
La familia de Lautaro Juárez se puso al frente del reclamo y marchará a tribunales a la espera de la condena

Justicia. Un palabra que engloba infinidad de construcciones individuales y colectivas pero que, en definitiva, es aquello que nos permite vivir en sociedad, con derechos y obligaciones. El límite de lo que se puede hacer y aquello que está prohibido lo marca no sólo los usos y costumbres sino también eso que aparece establecido en los papeles, que no es otra cosa que el marco legal que rige a un Estado.

En Argentina, más allá de las discusiones de coyuntura, el Estado de derecho regula la vida de los ciudadanos. En este país no están permitidas las competencias de velocidad en la vía pública conocidas como picadas; en el territorio que habitamos tomar alcohol y conducir no son actividades compatibles, al menos en un margen que supera el 0,5 por ciento de gramos en sangre.

De hecho, si un control policial de rutina te frena por la calle y das positivo en la alcoholemia estás al horno, porque te secuestran el auto, te rompen la cabeza con la multa y tenés que pasar por varias instancias hasta recuperar tu propiedad privada, como hacer cursos preventivos y demás.

En un país como el nuestro, donde las condiciones a la hora de obtener el registro de conducir están claras, violar las normativas vigentes se castiga. El exceso de velocidad está penado con fotomultas e infracciones económicamente fuertes, que los Municipios se ocupan especialmente de cobrar. Por caso, si tenés algún pago pendiente no podés renovar la licencia.

Picada fatal de Haedo
Manuel y Lautaro, las víctimas de la picada fatal de Haedo

Pues bien: tras cuatro extensos días de debate, quedó establecido que Diego Cuevas manejaba a 127 kilómetros por hora, alcoholizado (según el testimonio de la enfermera Romina López Conin, la primera en auxiliar a las víctimas atropelladas por el imputado, quien declaró ante el tribunal que el conductor tenía un “fuerte aliento etílico”), que corría picadas en un lugar que conocía a la perfección por ser de la zona y que sabía que por esas calles una muchedumbre de pibes salía a esa hora de bailar.

Siempre se supo que mató, que fue el responsable de las muertes de Lautaro Juárez y Manuel Lastra, y de las heridas gravísimas de los amigos que caminaban con las víctimas fatales. Esa madrugada atropelló a 8 jóvenes que retornaban a sus casas tras un rato de diversión. Como Cuevas, pero sin armas. Ellos son ‘Tato’ Rodríguez, Daiana Vergara, Adrián Welsch, Esteban Vergara, Lautaro Cavs y Cristian Vergara. Este último sufrió un hundimiento del cráneo a causa del impacto, pérdida de masa encefálica y problemas motrices y psicológicos. Además, perdió la memoria de mediano y corto plazo, por lo que, aunque se presentó a declarar, no pudo aportar mayores datos.

Cuevas, que se excusó de estar presente durante su proceso, también está imputado por «lesiones graves con pluralidad de víctimas», por las heridas que causó a otras cuatro personas durante la «prueba de velocidad en zona urbana», es decir correr una «picada». La instrucción tuvo infinidad de problemas para ser desarrollada: desde la vergonzosa alteración de la muestra de sangre del imputado hasta la imposibilidad de ubicar al Bora que corría con él. En el medio, el acusado estuvo preso, luego quedó en libertad y finalmente llegó al debate con arresto en su casa.

Picada fatal de Haedo
Así quedó el auto de Cuevas luego de embestir a los jóvenes que regresaban de bailar

En el juicio declararon los amigos del conductor, familiares y allegados de las víctimas, testigos visuales y presenciales y peritos que reconstruyeron el hecho. Se expuso, en un debate llevado a delante con solvencia por jueces y fiscales, cómo fue la secuencia que terminó en tragedia. Incluso el último experto que habló por parte de la defensa de Cuevas, el perito Raúl Torre, coincidió con la descripción pero supuso que el conductor no pudo haber evitado el impacto por la inercia que provocaron en el vehículo los divisores Jersey, que al chocarlos devolvieron al Nissan a idéntica velocidad a la que viajaba.

Lo que señaló Torre con su disertación es que Cuevas no pretendió embestir a los chicos, sino que perdió el control del auto. Y que ese fue el motivo del fatal desenlace. Y ese es el argumento primordial de la defensa para torcer el destino de una causa que llegó a esta instancia bajo la carátula de doble homicidio simple con dolo eventual.

Ahora, la palabra final, como siempre en estas cuestiones, la tiene el tribunal. La impresión que tiene éste medio, en base al seguimiento detallado de los testimonios que se recogieron y las preguntas de los magistrados, es que hay una cierta tendencia a interpretar el hecho como un accidente y no como un homicidio.

Hay antecedentes: el presidente del tribunal, Alejandro Rodríguez Rey, falló de esa manera cuando le tocó juzgar la conducta de Cristian Aldao, el conductor acusado de matar Gloria Estefanía “Fanny” Domínguez y herir gravemente a su amiga Natalia Becerra, ambas de 21 años, en Haedo en la Navidad de 2004. El auto también corría picadas, con el agravante de que huyó tras haberlas embestido. Como en aquel caso, da la impresión que habrá un fallo dividido. Dos votarán para un lado y el tercer veredicto será distinto. Pero para qué lado se inclinará la balanza sólo la mente de los magistrados lo sabe.

Picada fatal de Haedo
Cuevas (de celeste) en uno de los momentos en que fue trasladado a dependencias judiciales para prestar declaración, no en el juicio que no presenció

El martes que viene, los fiscales Marcelo Papavero y Antonio Ferraras comenzarán con la lectura de los alegatos y expondrán la acusación contra Cuevas. Reforzarán la teoría del dolo eventual en la conducta de Cuevas y después será el turno de los abogados defensores, representantes legales de los particulares damnificados, que son tres familias en total. Por último será el turno del abogado Roberto Babington, defensor del conductor. Antes de cerrar la jornada los jueces invitarán a Cuevas a decir unas palabras, cosa que se prevé como no factible ya que lo autorizaron a no presenciar ninguna de las audiencias y esperar en su casa el veredicto. Según pudo saber éste medio, habrá pedidos de prisión de hasta 12 años para el culpable de las muertes.

Después los magistrados tienen un plazo de cinco días hábiles para dar a conocer el fallo y un tiempo más para exponer los fundamentos, que seguramente estarán para enero. Y, en base a los argumentos, las partes podrán apelar, cosa que seguro va a ocurrir salga como sea la condena.

En un país en el que siguen muriendo 25 personas por día y los hechos de tránsito continúan siendo la principal causa de muerte en el año, la justicia tiene en su poder la potestad de dar un mensaje claro contra el manejo imprudente y criminal. Un vehículo es un arma si se conduce con irresponsabilidad y matar es consecuencia de un accionar consciente. Siempre la discusión sobre el dolo está dada alrededor de si hubo o no intenciones de quitar la vida, pero en este caso lo que no hay dudas es que Cuevas no pudo no representarse la gravedad de las consecuencias de actuar de la manera que actuó. Sabía lo que hacía y no le importó. Se puede inferir por lo que se develó en el juicio.

El valor de la vida, con todas estas circunstancias enumeradas, está en la balanza de la justicia. Jurisprudencia existe para ambos lados, tanto para la interpretación culposa como la vinculada al homicidio simple. Como resulte el juicio, la vida de ambos pibes muertos no la devuelve nada ni nadie. Pero sí un poco de paz para el infierno eterno que atraviesan esas familias. En el corazón de los jueces reposa la respuesta.

Picada fatal de Haedo
María Angélica Guaraz, una madre que clama justicia por la muerte de su hijo hace dos años

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