Friday 27 de May, 2022

“No soy un represor”: la defensa del agente municipal de Morón juzgado por una persecución en la que terminó herido un menor

Se llevaron adelante los alegatos del juicio que se le sigue a Alfredo Ariel Montenegro, perteneciente a la plantilla de trabajadores del área de Seguridad Ciudadana del Municipio: cuáles fueron las penas solicitadas. Primer Plano Online, único medio presente en las audiencias.

De frente a la jueza la perito de la Policía Científica que es clave en el juicio; a su costado el agente acusado

“No soy un represor”. La frase pertenece a Alfredo Ariel Montenegro, el agente municipal integrante de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de Morón que está siendo juzgado por el siniestro en el que un menor de 16 años terminó estrellándose contra una columna de concreto con la moto que conducía.

La expresión del acusado fue en respuesta al duro alegato planteado por Emanuel Valli, abogado defensor de G.P., el chico que conducía una moto que luego se descubrió era robada y terminó colisionando al escapar de un control policial que intentó constatar la documentación del rodado.  Todo lo que se ventila en las audiencias es material exclusivo de Primer Plano Online, único medio dando cobertura al caso, como es costumbre.

Montenegro enfrenta un debate oral y público en el Juzgado Correccional Nº 5 de los Tribunales de Morón a cargo de la jueza Graciela Angriman bajo la acusación del delito de lesiones culposas por conducción imprudente. Luego de ventiladas las opiniones de las partes y los diversos testimonios recogidos, la fiscal del juicio, Graciela Biassotti, consideró que “hubo una maniobra temeraria, imprudente y antirreglamentaria” de parte del agente municipal, y pidió una pena de dos años de prisión en suspenso y tres de inhabilitación para conducir.

“Luego del análisis de la prueba considero que el hecho ocurrió como dije al comienzo de la acusación: la moto frena para poder pasar el badén, Montenegro venía a tan corta distancia que eso le impidió frenar y choca por detrás a P., con lo cual la moto pierde la estabilidad, derrapa y choca contra el poste”, argumentó la funcionaria judicial. Sin embargo, esa fundamentación fue desmentida por la pericia realizada por la Policía Científica, que negó que hubiera existido toque antes del choque.

Como informó Primer Plano Online cuando sucedió el hecho, 5 de septiembre de 2018, el adolescente llevaba como acompañante a otro joven que 200 metros antes de la colisión se bajó del rodado y continuó su huida corriendo, hasta que fue aprehendido por personal policial que participó de la pesquisa. El conductor de la moto siguió huyendo y terminó impactando de frente contra el poste de energía ubicado en avenida Zeballos y Prudan, en Castelar. Antes habían escapado de un retén policial, que fue lo que dio origen a la persecución.

El móvil de Seguridad Ciudadana que condujo Montenegro durante la persecución

La querella de la familia del muchacho herido de gravedad en el siniestro, en la persona del abogado Emanuel Valli, calificó de “delincuente” a Montenegro, por adoptar una “actitud de justiciero” y extralimitarse en sus funciones. Curiosamente, comparó el accionar del agente municipal con la dictadura militar. “Me recuerda a la peor parte de la historia argentina. Montenegro le aplicó a G.P. una condena sin juicio previo. Estuvo 18 días en coma, tuvo corrimiento de cadera, fractura craneal, diversas operaciones estéticas en la cara… Si hubiese actuado bien este chico debió ser sido seguido, frenado, se le tendría que haber iniciado una causa por encubrimiento y al otro día en la casa. No tres años jugándose la vida”, enfatizó el letrado.

En su alegato pidió que la condena a Montenegro sea “utilitaria, porque nunca más el Estado puede ser parte de la violencia institucional” ni “lastimar a una persona excediendo sus funciones”. Y remató: “el Estado nunca más puede encubrir a un delincuente como es el señor Montenegro, que le arruinó la vida a G.P”.

Para finalizar, el abogado Gustavo Giachino, defensor de Montenegro, expresó que “la única víctima es G.P.”, quien “no es un motochorro” y terminó estando en un juicio por su estado de salud luego de tomar por lo menos tres decisiones equivocadas aquella noche. La primera de ellas, en vez de estar durmiendo en su casa, se fue con el amigo que a los dos años terminó abatido durante un robo. “Venite que tengo una moto para probar”, lo invitó, y el muchacho se escapó de su casa a escondidas de sus padres.

EXCLUSIVO Juzgan a un agente de Seguridad Ciudadana de Morón por una persecución que terminó con un menor lesionado

El defensor también planteó que el segundo error de esa jornada es haber escapado del control policial. “Se escaparon porque andaban en una moto robada”, aseveró, al tiempo que también cuestionó la instrucción de la causa, que fue llevada de manera “poco ortodoxa” por el fiscal Leonardo Lisa. De hecho, en el expediente quedó plasmado que el móvil de Seguridad Ciudadana embistió a la moto, lo que no coincide con ningún informe levantado en el lugar de los hechos. En concreto, aseveró que la Fiscalía “mintió: dice lo que no pasó”.

Para Giachino, la pericia accidentológica “no avala” la acusación en contra de Montenegro y sí está probado que la moto escapó de un retén policial. Es más: la Policía tenía un alerta sobre dos sujetos que habían cometido un robo a bordo de una moto, cosa que nunca se pudo confirmar si fue la conducida por el chico herido. “Montenegro no es un justiciero”, le respondió al abogado de la víctima.

La tercera mala decisión que tomó la víctima fue, una vez que su compañero se bajó de la moto, seguir huyendo. “¿Por qué no dejó de huir?”, se preguntó. El relato de G.P., para Giachino, es “inverosímil”, sobre todo cuando reveló que fue tocado de atrás varias veces por el móvil municipal. “¿Cómo hizo para no caerse?”, exclamó. E insistió en que lo más sustancial del juicio fue lo expresado por la oficial de la Policía Científica que realizó la pericia, que confirmó que hubo un toque del móvil a la moto, pero luego del choque. “¿Cuál es el sentido de poner en tela de juicio la velocidad a la que iba? Era una persecución, no hay que dejar de lado eso”, enfatizó.

La moto que conducía G.P. terminó chocada contra una columna lumínica de concreto: el chico sobrevivió pero quedó con graves secuelas

Por último, reflexionó que su defendido “no se extralimitó en sus funciones”, debido a que Montenegro, si bien no es policía, está facultado para perseguir a alguien que se da a la fuga. En el juicio quedó también claro que no existe un protocolo para instrumentar en una persecución e informar a la Policía para desarrollar un operativo cerrojo. “Su conducta era obligatoria por ser funcionario público. No se puede hacer el distraído”, concluyó, para pedir la absolución del agente. Además, recalcó que las lesiones del adolescente fueron producto del impacto y no por la acción del trabajador, y que una de las consecuencias más delicadas para su salud se produjo porque no usó casco.

“No soy un represor”, fue la frase expresada por Montenegro para repudiar lo expuesto por el abogado de G.P. cuando la jueza Angriman lo invitó a pronunciar sus últimas palabras antes del cierre de la audiencia. Y dejó una inquietud flotando en el aire: “¿Si la moto manejada por G.P. embestía a sus hijos, usted estaría pensando lo mismo de mí?”, le preguntó a Valli.

En los próximos días se conocerá el veredicto de un juicio apasionante.

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