Saturday 24 de September, 2022

El conmovedor adiós a Damián Akerman: el goleador eterno colgó los botines pese a sus ganas “de no retirarme nunca”

Jugó nueve minutos y el árbitro demoró un lateral para que el reloj marque la hora señalada. El estadio Francisco Urbano estalló de público que le fue a tributar su gratitud por los 160 goles en 430 partidos. El reconocimiento de compañeros, adversarios y de una hinchada que lo adoptó como hijo pródigo.

El puño apretado de Damián Akerman y el afecto que bajó desde los cuatro costados del Francisco Urbano (foto Prensa Deportivo Morón)

Saludado por todo el estadio, acompañado por su familia y abrazado a su mamá, con su hija más chica y su nieta en brazos, Damián saltó al campo de juego. Lo esperaba un cordón de nenes y nenas que practican deportes en el club. Las tribunas desbordadas de público y las banderas con un número saliente: el 9, sello del goleador.

En los nueve minutos que jugó Damián no tocó la pelota. Sí estuvo cerca de arranque, con una llegada combinada del ‘Gallo’ de lado a lado. Pero en ese ratito que el balón ruede era simplemente una excusa. La fiesta y el interés estaba en otro lado, al igual que la tensión entre la emoción de la despedida y quienes no querían que ese instante llegue.

Cuando a los 8 minutos Ramos empezó a trotar para preparar su ingreso todo el mundo vio que se acercaba el final. El árbitro del partido, en un gesto muy futbolero, demoró un lateral para la visita con el objetivo de que el cronometro se plante en el momento indicado. Cuando el reloj lo indicó el Francisco Urbano volvió a explotar: era el fin de una era inolvidable y posiblemente incomparable.

“Es una mezcla de sensaciones, sabiendo que llegó la hora del retiro pero con ganas de no retirarme nunca. Es algo contradictorio pero creo que la decisión fue bien tomada”, le dijo a las cámaras de TyC Sports en la transmisión oficial ni bien dejó el campo de juego, en medio de una ovación y del reconocimiento de sus hasta hoy compañeros y de los circunstanciales rivales.

Y un texto de salutación que le regaló Lucas Gambino, escrito especialmente para la ocasión en representación de la feligresía del ‘Gallo’.

Y hoy sí. Meses atrás tuviste un aviso. Parecía que se daba de una manera horrible. Por suerte prevaleció y primó la lógica, te defendimos como pudimos y la balanza se inclinó para tu lado.

Hoy sí es el último día de casi 20 años. Hoy es nostalgia. Y solo pienso en hoy y hacia atrás y todo lo que me diste en 430 partidos. Hasta hiciste el gol más lindo de todos, ese contra Estudiantes, cuando era mi cumpleaños. Es admiración y respeto por un tipo que volvió cada vez que pudo y nos siguió dando alegrías.

Y sí viejo. Es mi ídolo. Me sacó campeón después de 27 años. Es el que más jugó con nuestra camiseta, es el que más goles hizo, es el tipo que más feliz me hizo a mí y a muchos de nuestra generación adentro de una cancha. Es tan nuestro como la Catedral, como cada esquina del barrio, como cada rincón de la Ciudad. Akerman es sinónimo de Morón.

Y yo no creo que vuelva a ver ni a sentir tanto amor y tanta identificación con un jugador. Calculo que con los ídolos pasa eso. Llegó el día culiau. Y entre más viejo y sensible estoy, más lloro por el después. Pero como dice el tango «que me importa a mi el después toda mi vida es el ayer que me detiene en el pasado». Y ahí comprendí que es eso lo que duele. Lo que no va a volver.

Te voy a extrañar. Diste todos los cartuchos, tengo el privilegio de tener tu camiseta. Hasta la eternidad. Gracias Damián. Gracias.

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