Sunday 26 de September, 2021

El drama de una víctima: la tuvo secuestrada, abusó de su hija y ella vive con pánico porque la Policía no lo encuentra

Ricardo Alexis González tiene pedido de captura ordenado por la justicia desde el 22 de febrero pasado, pero se encuentra prófugo. El calvario de una mujer que empezó con él una relación que al poco tiempo se transformó en un infierno y hoy se encuentra a resguardo, alejada de todo por temor.

Flavia Gabinis vive aterrada, con pánico y a resguardo de una ONG: su agresor está prófugo de la justicia

El 16 de febrero de 2019, Flavia Gabinis empezó una relación sentimental con un hombre del cual se enamoró. Volvió a apostar al amor luego de ser mamá de una nena que actualmente tiene 15 años y dos varones de 10 y 8. Pero al poco tiempo la experiencia se volvió un verdadero infierno del cual todavía no logra escapar. Vive escondida, bajo resguardo de una organización que colabora son su caso, y prácticamente no puede salir a la calle. El pánico de que el sujeto le pueda hacer algo a ella o a su hija la mantiene encerrada en el único lugar en el que se siente segura.

Luego de varios meses de estar en pareja, la mujer comenzó a sentir el rigor de una persona tóxica a su lado. Insultos, gritos, agresiones: “un día me tiró un candado por la cabeza”, contó a Primer Plano Online. Naturalmente intentó buscar ayuda y ese hecho lo denunció en la comisaría de la Mujer y la Familia de Malvinas Argentinas, donde vivía junto al agresor, Ricardo Alexis González, actualmente prófugo de la justicia y con orden de captura vigente.

Ricardo Alexis González está por las calles del barrio que habitó toda su vida pese a la orden de captura que pesa sobre él

En medio del dolor por el sometimiento del cual no podía salir, Flavia se enteró de un hecho que la terminó por despedazar internamente. Su hija fue abusada sexualmente por el sujeto. La nena se lo contó con sus palabras y ella encaró, pero recibió como respuesta la negativa de González y más agresiones. A punto tal fue así que la encerró con sus tres hijos en un departamento del barrio ‘El Chiri’, en Malvinas, cual no podían salir por voluntad propia, sino que tenían que pedirle permiso.

“El 29 de abril me pegó delante del dueño de los departamentos y aproveché las cosas para escaparme junto a mis hijos. Conseguí separarme y me fui a la casa de una familiar, que es la única que me pudo recibir. Ahí volví a denunciarlo y fui a pedir ayuda al servicio social del Municipio, pero no conseguí nada. Empecé a trabajar pero él me controlaba todo el tiempo y sabía todo lo que hacía”, contó Flavia.

A punto tal fue el seguimiento que se acercó a su trabajo el segundo día de actividad con un arma y la amenazó. En esos meses siguieron los padecimientos de Flavia: González la volvió a encerrar en otro departamento y le pegaba reiteradamente. Hasta que una noche, en diciembre, aprovechó que el violento regresó “borracho y drogado y me escapé, porque sabía que de esa paliza no zafaba”, describió.

Junto a la nena y los chicos terminó en el refugio de Mujeres Víctimas de Violencia de Malvinas Argentinas, luego fue llevada a Pilar y luego fue llevada a Mar del Plata, con la promesa de iniciar una nueva vida. Pero no era una organización para personas con el drama de la violencia a cuestas sino para el tratamiento de adicciones. “Hasta nos mandaron a pedir en el semáforo”, reveló.

Flavia regresó al conurbano a un lugar oculto. Está a resguardo de la organización Furia Transfeminista, que le está pagando el alquiler de un lugar para que pueda vivir con sus hijos. El tema es que la mujer vive aterrada: el hombre está por las calles del barrio que habitó toda su vida pese a la orden de captura que pesa sobre él. Hay sospechas de complicidad o inacción policial.

Sobre él pesa una orden de detención preventiva acusados de los delitos de privación ilegal de la libertad agravada, abuso sexual con acceso carnal agravado por el uso de arma y abuso sexual con acceso carnal reiterado en por lo menos dos oportunidades.

Pero quien está presa es ella, sin poder salir a la calle y aterrada por el pánico que le causa la situación. “Cada vez que damos información sobre los lugares en los que lo vieron, la Policía lo va a buscar y llega tarde. La verdad, ya no sabemos qué pensar”, cerró Flavia.

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