Thursday 24 de September, 2020

El ‘Siga, siga, que acá no pasó nada’ hacen retroceder la buena imagen ganada por Alberto Fernández sobre el manejo de la pandemia

En tan solo cuatro días el gobierno nacional enfrentó dos situaciones generadas dentro de su propia tropa que empañan el correcto tratamiento con el que se había abordado hasta ahora la lucha contra el coronavirus. Sin embargo, nadie pagó con su cabeza por el costo político de los horrores cometidos, dignos de cambio de piezas en el gabinete presidencial como mínimo.

En tan solo cuatro días el presidente tuvo dos jornadas para el olvido

¿Aquí no ha pasado nada? Así parece ser hasta ahora. El presidente Alberto Fernández  tuvo que atender urgencias que se podría haber ahorrado en medio de la emergencia sanitaria y social por el avance del coronavirus en Argentina.

El primer bochorno tuvo como responsable al titular de la ANSeS, Alejandro Vanoli, quien el viernes pasado puso a millones de jubilados y beneficiarios de asignaciones sociales a cobrar al unísono en tumultuosas filas de bancos de todo el país, interrumpiendo el aislamiento que venía desarrollándose de manera casi quirúrgica. De este modo, por falta de una debida planificación, expuso a muchísima gente que llegó en buen estado de salud y seguramente se fue contagiada.

El funcionario, que fue el primero en ponerle los pelos de punta al primer mandatario nacional. Después de excusarse se ocupó de exponer al presidente del Banco Central Miguel Pesce como responsable del fallido operativo, quejándose de que «son muy pocas las entidades que hacen pagos de jubilaciones». Aunque aseguran que hubo un reto, la sacaron barata: ambos siguen ocupando sus respectivos cargos, aunque bien podrían haber sido eyectados si Fernández hubiera sido inflexible, como muchos hubieran esperado y aprobado.

Arrancando la mañana del lunes 6 el presidente de la Nación tuvo otro disgusto que lo llevó a llamar con urgencia al ministro de Desarrollo Social, Daniel Arroyo. Le pidió explicaciones sobre la compra de alimentos un 50 por ciento más caros que los precios máximos establecidos por el propio Gobierno nacional. De terror.

El viernes Vanoli y ayer Arroyo: Alberto Fernández no gana para disgustos

«Se nos plantaron con los precios», le relató el ministro al presidente sin que se le despeinara su prominente jopo negro. Esa fue la gota que rebalsó el vaso. Fue entonces cuando Fernández le comunicó al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, para que frene el pago y revisar todas las licitaciones en curso.

Según explicó Arroyo, el Gobierno pidió rebajas a los proveedores, pero estos no accedieron, algo realmente muy extraño si se considera el volumen de la compra realizada por el Estado. Debido a la situación de emergencia, avanzaron con la compra, explicó el único ministro del gabinete nacional con acceso a fondos ilimitados en medio de la crisis financiera. Arroyo es un funcionario honesto que cuenta con el respaldo y la confianza del presidente. Como máxima autoridad del área de Desarrollo Social sale a explicar lo ocurrido -aunque a todas luces parece inexplicable-. Ahora será necesaria una investigación interna en el ministerio a su cargo que permita determinar quiénes fueron los verdaderos responsables de la escandalosa compra.

Este es el peor momento del Gobierno en sus cuatro meses de gestión. Por ahora, en el gabinete nacional y el entorno presidencial se impuso el ‘aquí no ha pasado nada, o casi’. El correr de los días y el desarrollo de los acontecimientos dirán si Alberto Fernández decide sacudir la calma imperante en su entorno en medio de una emergencia sanitaria sin precedentes. Sería de esperar que los funcionarios que pusieron en jaque su inmejorable momento y la excelente imagen ganada como piloto de tormenta frente a la pandemia, tengan su debido castigo. Que el ‘Volvimos para ser mejores’ que comprometió la noche de la victoria en la que desplazó al macrismo del poder, se haga carne en ésta, una inmejorable oportunidad para demostrarlo.

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