Monday 26 de July, 2021

EXCLUSIVO Habla la familia de Dora Marinic, la anciana asesinada en Ituzaingó

Una duda que carcome la mente de la familia: quién pudo haber dado el dato de que en esa vivienda iban a encontrar algo. “Si vinieron a robar porque alguien les dio un dato específico, le pifiaron feo. Mi tía plata no tenía, vivía de su jubilación y de su pensión”, contó el sobrino.

Hasta marzo de 2020, el primo hermano de Dora Marinic iba permanentemente a la casa de Posadas al 1.300, en Ituzaingó. Se quedaba con ella a hacerle compañía por dos semanas, un mes, hasta dos meses llegó a quedarse con ella. Hablaban, cubrían la soledad y se ayudaban mutuamente.

Ella había enviudado hacía 14 años y, al no haber tenido hijos, esa era su familia cercana. También sus dos sobrinos, que a partir de ahora se fueron a instalar a su casa para cuidarla y evitar intrusiones. Además, para estar cerca de la investigación, porque no quieren que quede impune el crimen de su tía.

“El lunes 24 de mayo fue el cumpleaños de mi viejo, y nos pareció extraño que no lo llame en todo el día para saludarlo. Habían hablado el día anterior, y el martes 25 tampoco tuvimos novedades. Entonces mi hermana pensó que se le había todo el teléfono y llamó a reparaciones de Telefónica, que efectivamente le confirmó que la línea estaba cortada. Por eso le avisó a la vecina, para que le diga a Dora que le habían pedido reparación”, contó Leonardo a Primer Plano Online en una charla telefónica.

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En ese momento la vecina se acercó con el inalámbrico y le pareció sospechoso que no hubiera luces prendidas en la casa. Por eso le indicó al marido, Jorge (quien habló con Primer Plano Online) que vaya a ver si había pasado algo. Ahí se encontraron con el desastre en la casa: todo revuelto y el cuerpo de la mujer maniatado. Además, la autopsia confirmaría con golpes en distintas partes del cuerpo.

“La teoría principal que tenemos hasta ahora es que se le metieron cuando sacó a las perras, pero la verdad es que todavía no pude acceder a la causa. Estos dos tipos hicieron inteligencia previa supuestamente, pero nos parece que la cosa no es tan superficial como se cuenta. Nos cuesta creer que estas personas pasaron, vieron que había una señora sola y decidieron entrar”, reflexionó el sobrino.

Esa es una duda que carcome la mente de la familia: quién pudo haber dado el dato de que en esa vivienda iban a encontrar algo. “Si vinieron a robar porque alguien les dio un dato específico, le pifiaron feo. Mi tía plata no tenía, vivía de su jubilación y de su pensión. Y joyas tuvo algunas, pero las había vendido para operarse de la rodilla y pagar la prótesis. No era una persona acaudalada ni nada que se le parezca”, agregó Leonardo.

Dora y su marido se dedicaron en su vida a la actividad contable. Siempre vivieron del salario y la casa que habitaba la abuela ya tiene varios años. Ella se jubiló a mediados de la década del 90 y, luego de perder a su marido, toda su vida pasaba por el cuidado de sus perras, hasta que dos asesinos impiadosos decidieron terminar sus días. Afortunadamente, uno de ellos ya está preso.

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