Friday 23 de October, 2020

EXCLUSIVO: El testimonio del hermano de uno de los tripulantes del ARA San Juan y sus sensaciones encontradas tras el hallazgo

Gustavo Leiva es médico terapista del Hospital Simplemente Evita de González Catán. Algo le hizo prever el pasado fin de semana que el contacto del que hablaban en la prensa era el submarino, cosa que finalmente ocurrió. La historia de una familia matancera con un héroe en sus filas.

Luis Leiva, tripulante ARA San Juan
Luis, de acompañante, y Gustavo al volante, en uno de los últimos encuentros familiares antes de la tragedia

Gustavo Leiva es el mayor de seis hermanos. Es médico, especialista en terapia intensiva, trabaja en el Hospital Simplemente Evita de González Catán, pueblo de La Matanza en el que vivió desde su nacimiento. Ese hombre lleno de energía y frialdad, tal como él mismo se define quizá por la profesión que ejerce y los cuadros sanitarios que le toca atender a diario, hoy atraviesa un duelo que lo moviliza junto a toda su familia.

Es que el primer hermano que lo acompañó en la casa de sus padres hoy se convirtió en un héroe nacional. Se trata de Luis Marcelo Leiva, un suboficial que integraba la tripulación del submarino ARA San Juan. Una vez confirmado el hallazgo de la nave, y ya descartada su posibilidad de sobrevida, Gustavo le dijo a Primer Plano Online que “en lo personal estoy mucho más tranquilo, por un lado, pero con el dolor de saber lo que pasó”.

AUDIO: PRIMERA PARTE DE LA ENTREVISTA CON GUSTAVO LEIVA

 

Durante una entrevista telefónica con este medio desde Lanús, ciudad en la que vive, agregó que haber encontrado al submarino “es una noticia dolorosa pero que esperábamos para poder cerrar el duelo”. “La incertidumbre de saber a dónde estaban ayudaba mucho a las fantasías, no sólo populares sino también dentro de las familias. Que estaban secuestrados, que los había chocado un barco, que estaban en las Islas Malvinas, que el derrotero, que es igual al recorrido, no era el que decía la Armada… Todas esas cosas tienen un desgaste psicológico y mental importante”, se explayó.

Durante la charla, Gustavo contó una situación familiar que tuvo que enfrentar durante el año el que la nave estuvo desaparecida. “Mi mamá creía que estaban secuestrados. Ella conservaba la esperanza, con cerca de un cuarto de los familiares que creían eso”, reveló. Y es imposible no ponerse en el lugar de madre y aferrarse a la esperanza.

Luis Leiva, tripulante ARA San Juan
Luis, sentado y con el mate en mano abrazado por Gustavo, en otro retrato familiar de los hermanos Leiva

De hecho, su mamá había viajado a Mar del Plata por el homenaje que le hicieron al año de la desaparición, el pasado jueves. “Ella quería participar, por más que yo no estaba tan de acuerdo”, recuerda Gustavo. “Ese mismo jueves, que trascendió este nuevo punto de interés, la llamé y le dije que estemos atentos que era muy probable, por el lugar, la ubicación y la subdivisión que se hizo, que sean ellos. Intuición de hermano nomás”, acepta.

Pero que se transformó en certeza cuando el viernes casi a la medianoche, ya al borde del sábado, llegó al grupo de WhatsApp que la Armada tenía con los familiares el mensaje confirmando que habían encontrado al submarino. Gustavo se contactó de inmediato con su papá, que estaba en su casa de González Catán, para darle la noticia. “Mi madre se enteró junto al resto de los familiares que estaban allá”, describe.

AUDIO: SEGUNDA PARTE DE LA ENTREVISTA CON GUSTAVO LEIVA

 

Sobre la posibilidad de reflotar la nave, algo que se empezó a discutir casi desde el momento del hallazgo, el hermano del suboficial Leiva se manifiesta como respetuoso de todas las opiniones. “Estamos en la etapa de la negación todavía, así que pedir coherencia en este momento es muy difícil. Si quieren pedir que lo refloten que lo hagan, después habrá tiempo para negarlo. Desde el sentido común se sabe que es imposible. También está la fantasía de que pueden llegar a estar ahí adentro, que puedan enterrar los cuerpos y darles cristiana sepultura”, sentencia.

Y cuando Primer Plano Online le pide una semblanza de su hermano, prefiere evocarlo de manera sintética, pero contundente. “Luis era un tipo feliz. Casi todos nosotros pudimos hacer lo que nos gustaba. Era un gran tipo, divertido, familiero, un gran profesional. Es una pérdida dolorosa para la familia, y una gran pérdida para la sociedad también”, definió.

Luis tenía 39 años, hacía 24 que había ingresado a la armada y casi dos décadas que era submarinista. Además dejó dos hijos: Maia (11), que vive en Merlo, y Máximo (10), que vive en Mar del Plata. Esos chicos, a igual que el resto de los Leiva, ahora tienen un nuevo héroe nacional en su familia, que patrullará eternamente las profundas aguas del mar argentino.

Luis Leiva, tripulante ARA San Juan
Luis Leiva, uno de los 44 tripulantes del ARA San Juan, en custodia eterna de las aguas argentinas

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