Sunday 24 de October, 2021

EXCLUSIVO El fallo que absolvió a los acusados del crimen de Judith Viviani en Haedo y la inquietante duda: ¿una venganza policial?

El Tribunal Oral Criminal Nº 1 de Morón dio a conocer el veredicto, que ya había sido adelantado el jueves pasado, cuando Primer Plano Online dio a conocer el resultado del juicio. “Existieron en la investigación errores muy groseros” fue la conclusión del juez Claudio Chaminade, que tuvo a su cargo el fundamento del fallo.

Luciano Leguizamón (con campera de River) y Walter Leivas fueron absueltos de culpa y cargo por el crimen de la docente

Como pocas veces antes se observó, la justicia puso el ojo en la actuación policial con durísimos cuestionamientos y el pedido de una investigación posterior para determinar por qué dos inocentes pasaron más de cuatro años presos por un crimen que no cometieron. Así se conoció hoy con el fallo definitivo que absolvió a los involucrados en una historia en la que no tuvieron nada que ver.

Se trata de Walter Leivas y Luciano Leguizamón, quienes fueron acusados con pruebas infundadas de haber participado del asesinato de la docente Judith Viviani, quien recibió un disparo en la cara la noche del 18 de febrero de 2017 en la puerta de su casa de la calle Directorio al 500, en Haedo. La víctima fatal de ese hecho estaba junto a su hijo, Sebastián, quien había bajado de la camioneta Duster para abrirle la puerta y guardar el rodado cuando los delincuentes la abordaron.

Como reflejó este medio, el auto de un amigo del hijo de Viviani arrancó de golpe al darse cuenta de lo que pasaba y el perro de la víctima salió en su defensa. En ese momento le dispararon. La mujer falleció en los brazos de su hermano, quien acudió a asistirla. Poco después de ese ataque, concretado con un Citroën C3 negro, se produjo el robo de un auto VW New Beetle blanco en Villa Sarmiento, y fue el hallazgo de ese rodado en la puerta de la casa de Leivas, en cercanías de Fuerte Apache, el que desencadenó cuatro años de una investigación paupérrima.

Ese último rodado fue la clave para desnudar la trama oscura que atravesó al caso, dado que lo que nunca se pudo establecer es si fue dejado allí por los delincuentes para “enfriar” el coche, como se le llama en la jerga del hampa a estacionar el auto en algún lugar por unas horas hasta que la Policía cese en su búsqueda, o si alguien “lo plantó” ahí como parte de un plan macabro para convertir al joven como parte de la organización delictual.

Como sea, durante el juicio se mostró un video en el que se ve con nitidez cuando un sujeto frena la marcha, apaga las luces, se baja y se retira del lugar, aunque la identidad de esa persona nunca se determinó. Pero con esa filmación se probó una de las partes más escandalosas del debate. El comisario Gustavo Potenza, que en ese momento estaba a cargo de la comisaría 2ª de Haedo, halló el auto robado y, en vez de priorizar “la observación del lugar”, se alejó unos cien metros a consultar a unos “cuatro o cinco jóvenes que tomaban cerveza en una esquina”.

“Fue el drogón de Walter”, recibió como respuesta el uniformado. En rigor, esos muchachos, que jamás fueron incorporados al expediente, le dijeron a la Policía que vieron descender del New Beetle a una cantidad de cuatro a cinco personas, que se metieron en la vivienda de Leivas, sobre la calle Brandsen al 3000, en José Ingenieros, a pocas cuadras del populoso barrio Ejército de Los Andes. Así comenzó la odisea del imputado.

Al amanecer del día siguiente, la Policía se presentó en el lugar e interceptó a Leivas por la calle. Siempre según el relato policial, el joven salió corriendo, se metió en su casa y, sobre la mesa, los uniformados encontraron supuestamente un arma, un cuchillo, drogas, todos elementos “de dudosa procedencia”, según se determinó en el juicio. El muchacho fue detenido y trasladado a la comisaría 2ª de Haedo.

Un rato antes de ese arresto, Luciano Leguizamón y su novia de entonces, Natalia Pires, caminaban por el barrio con bolsas del supermercado Día% con alimentos y fueron interceptados por otro efectivo policial que realizaba una guardia en la zona. La pareja fue frenada e interrogada por el agente, y ambos terminaron detenidos y también traslados a la seccional mencionada. Tanto las actas de detención como del procedimiento fueron fraguadas, incluso con firmas apócrifas.

Docente asesinada en Haedo
Sandra Judith Viviani, la docente asesinada en Haedo en el intento de robo de su camioneta: su crimen está impune

¿FUE UNA VENGANZA POLICIAL?

“Podría escribir largos párrafos de todo lo que sucedió en el juicio y la lamentable actuación de los investigadores, pero ello ya lo dijo de manera detallada el representante de la sociedad cerrando la cuestión procesal. Quizás, la única forma de entender lo que pasó es a través de la palabra venganza, aunque nada de ello se pudo establecer como verdad, pero todos los que vimos el juicio, estoy seguro, sentimos algo parecido”, fundó su voto el juez Claudio Chaminade.

Su argumento estuvo respaldado por la jueza Mariana Maldonado y su par Juan Carlos Uboldi, quienes completan el Tribunal Oral Criminal Nº 1 de Morón. ¿A qué refiere esa afirmación? A lo expresado por el propio Leivas cuando aceptó declarar en el juicio y señaló, en reiteradas ocasiones, “me enamoré de la mujer equivocada”. Sus manifestaciones tienen una persona como destinataria: su expareja, actual mujer del comisario Diego Casafús, que también formó parte de la investigación.

Diego Casafúz, uno de los tantos policías que durante el juicio pasó por el banquillo para explicar su actuación

Leivas narró en el juicio que no tiene dudas “que el que armó todo esto fue oficial principal Diego Casafús”, que era jefe de calle de Morón 1° al momento de su detención, e hijo del excomisario general de la Policía Bonaerense, recordado por su actuación en el caso García Belsunce. Es más: aportó datos concretos como que entre ellos se conocen desde los tres años, que se crió a la vuelta de su casa en José Ingenieros, de chicos fueron amigos y las familias también. Hasta mostró fotos de esa época.

Pero luego entró en un tema inquietante, en donde narró el vínculo con su primera novia, de la que permaneció enamorado por varios años incluso luego de haber terminado el vínculo de pareja y haberla intentado retomar en varias ocasiones. Un día, tras haber denunciado a Leivas por hostigamiento, la mujer se contactó con él para contarle que estaba empezando una nueva relación, que era con Casafús, pese a lo cual la siguió llamando, hasta que en una ocasión lo atendió el comisario y lo amenazó para no la contacte más.

“Existieron en la investigación errores muy groseros”, coincidieron en remarcar los jueces. “Esta entramada siniestra desencadenó dos tragedias: por un lado, consagró la impunidad dejando a las víctimas sin solución del caso y por otro, para ambos imputados, el padecer injustamente el encierro durante más de cuatro años”, agregaron, al tiempo que destacaron la actitud del hijo de la docente asesinada, que fue uno de los testigos más sinceros que pasó por el juicio. “No vino a buscar venganza. Vino a buscar justicia y quería que el que fuera condenado sea el que mató a su mamá, no cualquiera”, destacaron.

De camperón negro el hermano de la docente asesinada; de suéter oscuro Leivas, quien pasó cuatro años y medio preso siendo inocente

Hay otros dos puntos destacados del veredicto absolutorio para los dos jóvenes encarcelados vergonzosamente. Uno de ellos refiere a lo que fue la aprehensión de Natalia Pires y su compañero Luciano Leguizamón. “Golpear salvajemente en una seccional policial a una mujer embarazada y a su compañero excede el marco de los apremios ilegales y se convierte en tortura. Es evidente que se han conculcado de manera nefasta derechos humanos fundamentales de Pires y Leguizamón por este grupo de sujetos, que a esta altura sí, me niego a nombrarlos como agentes policiales”, enfatizó el tribunal.

“Golpear a quienes están desprotegidos, apresados y esposados convierte a este grupo de policías en un grupo clandestino de salvajes que abusándose de la confianza que el Estado puso sobre ellos al entrenarlos y darle la custodia de la seguridad pública salieron a cazar a quienes ellos decidieron por el motivo que solo ellos saben y que nada tenía que ver con la participación de los imputados en el hecho investigado”, concluyeron los jueces Maldonado, Chaminade y Uboldi.

Por ese motivo ordenaron remitir copia de la sentencia a la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Provincia de Buenos Aires, al Comité contra la Tortura, a la Procuración General de la Provincia de Buenos Aires, al Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires y a la Fiscalía General Departamental para que se investigue el accionar policial.

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