Wednesday 16 de June, 2021

Fue acusado de matar a un policía, pero era inocente: estuvo tres años y siete meses preso hasta que la justicia lo absolvió

Diego Chávez tiene actualmente 26 años y hace pocos días recuperó su libertad, cuando los jueces que lo juzgaron por un crimen durante un asalto lo dejaron inmediatamente en libertad: nada tenía que ver con el hecho. Una página en Facebook mantuvo latente la “causa armada”.

Diego Chávez saliendo de la cárcel
Diego Chávez el día que salió de la cárcel tras casi cuatro años de un calvario interminable

“Creo en la inocencia total de mi hijo y pido justicia para la familia de José Fernández”. Quien habló en esos términos fue Fabiola, la mamá de Diego Chávez, un joven que actualmente tiene 26 años y fue acusado, desde finales de 2015, por un crimen que la justicia comprobó que no cometió.

Desde aquel 12 de noviembre, la vida del muchacho se transformó para siempre, pero gracias a su voluntad y el incansable esfuerzo de familiares y allegados llegó con fortalezas al juicio para demostrar su inocencia. Los jueces no tardaron mucho en constatarlo: apenas arrancado el juicio por el crimen del efectivo de la Policía Local asesinado en el barrio La Perlita, de Moreno, durante un intento de asalto, lo absolvieron y le devolvieron la libertad.

Pero en el medio tuvo que sobrevivir a un mundo hostil, el carcelario. Estaba durmiendo a las cinco de la mañana en la casa de su novia, en Paso del Rey, y al rato empezaba a transitar distintos penales, con un derrotero que parecía nunca tener final. «Eran varios, con cascos y escopetas. Nos gritaban para que nos tirásemos al piso. A mi cuñado lo agarraron de los pelos. A las mujeres las enceraron en un baño. A mí me pusieron los precintos cuando estaba en el suelo y me preguntaron mi nombre. ‘Diego Chávez’, contesté. Se miraron y dijeron: ‘Es este'», relata sobre la madrugada en que lo detuvieron por un crimen que no había cometido.

EL TESTIMONIO DE DIEGO CHÁVEZ AL PORTAL DESALAMBRAR

De la DDI de General Rodríguez lo llevaron a la Comisaría 1º de Moreno para dejarlo en una celda. «Ya está. Perdiste, negro», le decían. Al día siguiente le asignaron un defensor oficial que le contó cómo habían llegado a él. «Yo estaba haciendo tareas comunitarias porque hacía unos meses me habían agarrado subido a un auto robado con un pibe. Después me detuvieron con un grupo porque uno tenía marihuana. Entre ellos estaba un pibe llamado Gamarra, que después estuvo involucrado en el crimen del oficial. Tenían sus huellas. Me vincularon con él y me detuvieron», contó Diego al portal Infobae.

Cuando llegó el día de la rueda de reconocimiento, Diego estaba muy seguro de que se iba a su casa. «Pero me dicen: ‘Número 3, al frente’. La viuda había dicho que fui yo. Ahí se me cayó el mundo abajo. Al otro día me llevaron a la Unidad Nº 28 de Magdalena. Mientras iba llegando al penal me daba cuenta que estaba preso de verdad», cuenta. Para colmo, el abogado le aconsejó que no declarara en pos de buscar una estrategia. Y él, de los nervios, le hizo caso. Recién cuando llegó a Magdalena sus compañeros de celda lo avivaron: si no había declarado, se estaba haciendo cargo.

Desesperados, su mamá, su novia y sus hermanos se pusieron a investigar qué había pasado. Sabían cómo moverse en el barrio. Entonces, un conocido le dijo al otro: «Fue el Hugo con el Gama». La familia llevó todas las averiguaciones a la Fiscalía, pero incluso después de chequear que Gamarra –que en ese momento estaba prófugo– se había comunicado por celular con el asesino unas horas antes del crimen, no hicieron nada. «Me tenían preso a mí. No hacía falta», asegura Diego. Y agrega que Gamarra cayó después de un año, por otro robo. Y que ni bien lo detuvieron, cuando le mostraron una foto suya y otra de Hugo (se reserva el apellido porque aun no está procesado), él aseguró «este pibe no tiene nada que ver». Pero, una vez más, la fiscalía tampoco hizo nada.

Diego cambió dos veces de abogado hasta que contrató a Alejandro Boys, un año después de la detención. «Mientras tanto, me hacían todo tipo de pericias, incluyendo las psicológicas. Además, la viuda había dicho que el asesino medía 1 metro 75. Yo mido apenas 1,63. Decía que tenía barba candado. Yo jamás usé barba. Que tenía una pulsera amarilla hippie. ¡Tampoco! Ves el identikit y ¡no tiene nada que ver! Se supone que debía ser alguien de entre 27 y 32 años. Yo tenía 22 cuando me detuvieron. Hicieron todo mal y rápido», apunta Diego.

Pero además, el proceso judicial de Diego incluyó un derrotero carcelario que repasa con horror. Estuvo un año y medio en Magdalena, hasta que lo llevaron al Penal de Mercedes. «Al año ahí tuve problemas con unos pibes y salimos todos lastimados. La policía me hizo nueve agujeros con la balas de goma en una pierna. Perdí mucha sangre y todavía tengo un perdigón. Entonces me trasladaron a Junín. Cuando entré al pabellón, me cagaron a palos y me robaron todo. Mi vieja y Ornella me vieron con el ojo hinchado y rengueando. ¡Durísimo! Mi abogado sacó un hábeas corpus y a la semana me trasladaron a la Unidad Nº 21 del Penal de Campana», relata con la voz entrecortada. «Ahí pasé el último año y me encontré con Gamarra. Hablamos mucho… Aclaramos las cosas», apunta.

Libertad a Diego Chávez

Al año y medio de estar detenido (en 2017) a Diego le dijeron que tenía fecha de juicio para el 24 al 27 de junio de 2019. Alguien le habló de la posibilidad de un juicio abreviado, pero para él no era opción aceptar un crimen que no había cometido. La noche anterior al primer día de juicio no durmió. Estaba con Gamarra, en Mercedes, en una celda helada y sin baño. «Que se termine todo esto», pensaba y no aguantaba más. Pero su compañero le aseguraba que él iba a explicar cómo habían sido las cosas.

Su declaración y la de Gamarra estaban pautadas para el último día del juicio en el Tribunal Nº 3 de Mercedes. En contra de la sugerencia de su letrado, Gamarra insistió en que quería hablar antes. «Este pibe se está comiendo un re garrón. Yo necesito declarar», le dijo a su abogado. ¿Lo primero que dijo? «Diego Chávez no tiene nada que ver. No sé porqué está acá».

Después contó cómo habían sido los hechos. Que él había roto la ventana y se había metido en la casa. Que habían entrado a robar. No a matar. «Contó toda la verdad y encuadró en horarios con lo que tenía la fiscalía. Los jueces se quedaron mirando. Y mi abogado, que estaba sentado adelante mío, me hizo una seña de pulgar para arriba», recuerda Diego.

Entonces, cuando la viuda pasó al frente, le preguntaron si estaba convencida de que Chávez era quién había matado a su marido. «No, no estoy segura. Lo apunté porque era medio cachetón», alegó y lo repitió cuando volvieron a preguntarle. «Yo estaba muy nervioso. Ni siquiera podía llorar», apunta Diego. Después, fue el turno del padre del oficial asesinado, que dijo: «Yo no sé que pasó. Pero que pague el que tiene que pagar. No cualquiera». Además, pasaron Ornella y la suegra de Diego contando qué habían hecho ese día a esa hora: compraba una Coca en el kiosco a la vuelta de su casa.

Diego Chávez liberado

Una hora más tarde, los jueces leyeron la sentencia. «Dijeron: ‘Diego Chávez, absuelto’ y sentí un gran alivio. Ni siquiera hizo falta que declarara. En dos horas se cayó un juicio que iba a durar tres días. Cuando me abrieron el portón había una banda de gente esperándome, además de mi familia y amigos. Pero recién hace un par de días caí en la cuenta de que estoy libre, cuando fui a Capital y vi edificios en lugar de muros. Por fin estaba en la calle», asegura.

Hoy Diego sólo piensa en rehacer su vida. Se enteró que se había quedado sin trabajo. «Laburaba en una fábrica de velas. Siempre me decían que me guardaban el lugar. Había estado trabajando ahí cuatro años. Pero fui a hablar con el jefe, pensando que me iba a decir que arrancara el lunes, y me explicó que bajó mucho la producción… Así que ahora mi prioridad es conseguir trabajo. Además tengo que pagarle al abogado», asegura. Y cuenta que cree en Dios y tiene un santo: el Gauchito Gil.

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