Sunday 24 de October, 2021

Solidario en la tierra como en el agua: vive en Castelar, dirige una ONG y es rescatista voluntario en el mar Mediterráneo

Gastón Capria está a cargo de la organización de ayuda humanitaria Corazón azul en Morón. Sin embargo, su pasión es el agua, por eso todos los años viaja a España para trabajar como guardavidas y subirse como voluntario a las embarcaciones de la ONG Open Arms para salvar la vida de cientos de inmigrantes africanos.

Gastón es director de la ONG Corazón azul en Morón y rescatista de la española Open Arms

Gastón Capria tiene 31 años y vive en Castelar. No todo el año en realidad. De temperamento inquieto y espíritu altruista, reparte su tiempo -a partir de su vocación de guardavidas- entre su trabajo en las playas de Barcelona; su labor de rescatista en las aguas del mar Mediterráneo; en Pinamar durante la temporada de verano argentino; su actividad como director de la ONG de rescate y ayuda humanitaria Corazón azul con sede en Morón; colaborando en Haciendo Lío –la entidad del sobrino del Papa Francisco, también afincada en la región oeste- y la Cruz Roja.

A las claras Gastón no es un improvisado que un día decidió que el agua era su hábitat preferido y salvar vidas su misión en esta tierra. Se capacitó y hoy además trabaja entrenando a otros en su metier. Después de tomar el clásico curso de guardavidas, desde muy joven se formó para hacer rescate en aguas rápidas; atender emergencias; es especialista y da cursos de RCP –Reanimación Cardiopulmonar- y primeros auxilios.

Gastón Capria da cursos de RCP para la Cruz Roja, comando su propia ONG de ayuda humanitaria y es voluntario de Haciendo Lío

Desde 2018 cada verano europeo lo encuentra en las playas de Barcelona para hacer temporada como guardavidas. Como amante del agua en toda su dimensión, antes de llegar a España ya conocía la actividad de la ONG Open Arms de ayuda humanitaria en el mar, cuya misión es salvar vidas en peligro. Allí estaba apuntada su brújula y hace dos años su jefe de las arenas barcelonesas lo recomendó y pudo ingresar a la organización donde desde entonces trabaja como voluntario. “Para mí fue como entrar a jugar la Champions –traza el paralelismo futbolero Gastón entre risas en diálogo con Primer Plano Online-. Se trata de una actividad acuática y de rescate en alta mar: trabajar en ese barco es la aspiración más grande que puede tener un guardavidas”.

En España desde junio pasado –donde primero trabajó como guardavidas durante la temporada estival-, en lo que va del año Gastón ya participó de una misión de rescate en el velero de Open Arms y en horas más emprenderá su última travesía del 2021 a bordo de la embarcación más grande de la ONG, que durante un mes y medio en altamar navegará en las cercanías de las costas africanas.

Como pez en el agua: el vecino de Castelar encontró en el mar su lugar en el mundo

Desde Barcelona, el vecino de Castelar nos cuenta en qué consiste una misión. Explica que hombres, mujeres y niños – mayoritariamente provenientes de Libia y Túnez- escapando de la guerra, el hambre y las torturas, buscan llegar a Europa enfrentándose a la alta probabilidad de toparse con la muerte antes de arribar al destino soñado. Ocurre que se trasladan en embarcaciones muy precarias, con motores que no soportan tantas horas de travesía y muchas veces dejan de funcionar en medio del mar; o se quedan sin nafta a la deriva, sus barcazas se hunden o los tripulantes mueren de insolación.

Navegando millas adentro hasta acercarse a las costas africanas, el barco de Open Arms busca detectar esas embarcaciones. Cuando las vislumbran deben dar aviso a las autoridades del país cuyas aguas están navegando para que les otorguen a los inmigrantes un puerto seguro. “En los casos en que corren riesgo sus vidas, iniciamos nosotros el rescate y pedimos un puerto seguro de destino al país correspondiente y son ellos los encargados de acercarse a auxiliar a la embarcación”. La dinámica puede verse en el video que compartimos a continuación.

Sin embargo, para el caso de que les toque a ellos realizar el rescate, el barco de Open Arms cuenta con capacidad para albergar a 300 refugiados y viajan en él 20 tripulantes entre los que se cuentan médicos, enfermeros, guardavidas, patrones -que manejan el barco-, el capitán , suboficiales, cocineros y mecánicos.

Cada una de estas misiones de alta responsabilidad es tan apasionante como estresante y psicológicamente abrumadora, por eso requiere a mitad de camino una vuelta a la costa para el recambio de tripulación y la reposición de alimentos, agua, combustible y otros tantos insumos que se agotan.

Ansioso por subirse al barco que lo dejará nuevamente en tierra firme recién en el mes de noviembre, Gastón Capria planifica en paralelo su vuelta a la Argentina prevista para el día 5 de ese mes. Aquí lo espera el arduo trabajo de su ONG Corazón azul; un viaje conjunto con Haciendo lío para colaborar con comunidades indígenas del norte argentino; el dictado de un curso de rescate en aguas rápidas en la provincia de Mendoza y la temporada de verano en la playa de Pinamar.

Aunque para muchos el año está prácticamente cerrado, a este joven del oeste del conurbano le quedan muchas brazadas por dar, acciones solidarias por emprender y vidas por salvar.

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