miércoles 8 de abril, 2020

Gravísimo: Un policía bonaerense denunciado por su pareja por violencia de género continúa prestando servicio en la fuerza

Geraldine conoció a Maximiliano Vega hace dos años. Con un hijo de seis meses en común, decidió escapar de su sometimiento para preservar su vida y la del pequeño. El maltratrador viola la orden perimetral que le fue impuesta por la justicia y la amenazó con matarla si se alejaba de su lado.

Maximiliano Vega amenazante, posa apuntando con su arma a Geraldine

Geraldine Lena Tócolas vivía en el Barrio Golf de Virrey del Pino cuando el  26 febrero 2018 conoció a Maximiliano Vega, un policía que hoy tiene 36 años. Al poco tiempo decidieron comenzar la convivencia en la casa de él, en González Catán.

La joven estudiaba por entonces Medicina en la Universidad Nacional de La Matanza, y en paralelo asistía a un curso de Electricista y otro de Operadora socio comunitaria. Su vida estudiantil y el contacto permanente con compañeros de cursada varones comenzó a enardecer a su celosa pareja quien la obligó a salir del grupo de WhatsApp que compartía con otros estudiantes de la facultad. Le prohibió asistir a la colación de una de sus capacitaciones porque planeaba ponerse un vestido y no le permitió buscar trabajo: la denigraba diciéndole que era incapaz para cumplir cualquier tarea.

En poco tiempo la violencia psicológica mutó en brotes de ira que pusieron en alerta a Geraldine. En la redacción de Primer Plano Online, la joven narró detalles espeluznantes de su calvario: “La pared de la casa donde vivíamos estaba llena de balazos; cuando se brotaba disparaba y si yo le contestaba algo que no le gustaba oír, muchas veces me apuntaba con su arma reglamentaria. Yo pensaba que me iba a matar, por eso evitaba hacerlo enojar”. También la joven fue  víctima de golpes, revoleo de sillas que no logró esquivar y sometimiento sexual. “Me obligaba a tener relaciones sin protección y me contagió enfermedades infecciosas por las que todavía estoy en tratamiento”.

Entre los brotes descontrolados de su ex pareja –que hasta donde ella sabe cumplía funciones en una comisaría de Rafael Castillo-, Geraldine recuerda aun afectada un día de furia que tuvo lugar en el mes de julio. Vega, acostumbrado a revisarle su celular y hasta contestar los mensajes en su nombre sin autorización, le exigió que le develara la nueva clave del equipo. Ante la negativa de la joven, le rompió la ropa, la tomó por el pelo y la metió en la bañera debajo del agua helada. Un monstruo.

Valiente: Geraldine pasó por la redacción de Primer Plano Online con su pequeño Elías para contar su calvario

Con el tiempo, Geraldine y su entorno se enteraron de que el perfil psicótico del policía venía de larga data: Vega tiene una hija de 10 años de una relación anterior y fue denunciado por la mamá de la menor por haber abusado y violado a la nena, aunque luego retiró la demanda.

Vega se convirtió para Geraldine en una verdadera pesadilla. En el momento más importante de la vida de la joven, a punto de ser mamá, tampoco tuvo piedad ni se comportó como un verdadero hombre. Geraldine recuerda que internada en la Clínica San Mauricio de González Catán para dar a luz, “partida del dolor por las contracciones me obligó a los golpes a acallar mis gritos diciendo que  las otras mamás que se encontraban en la sala querían descansar”.

La llegada al mundo del pequeño Elías en agosto pasado fue una bisagra en la vida de esta mujer, que cansada de padecer el sometimiento del policía que decía amarla, empezó a tejer en su interior la decisión de alejarse de él para siempre, aunque sabía que no sería nada sencillo.

Finalmente el 3 de noviembre pasado la joven decidió irse con su bebé a la casa de su mamá y se lo anunció al policía mediante un mensaje telefónico. Al rato lo tuvo en la puerta de su nuevo domicilio y le pidió hablar. Ella subió al auto con su hijo para darle un corte a la relación, lo que provocó nuevamente la ira de Vega que arrancó raudamente su vehículo y avanzó hacia un descampado donde le arrebató al bebé de sus brazos, la obligó a bajarse a los golpes y le apuntó con su arma reglamentaria amenazándola con matarla. “Me pegó un culatazo y me dejó tirada ahí, en medio de la nada, de noche. Cuando pude reponerme del shock corrí hasta llegar a la casa de mi mamá”.

Desesperada por la ausencia de su hijo y la preocupación de que el pequeño estuviera con un psicópata que no daba muestras de racionalidad, Geraldine lo denunció en la Comisaría de la Mujer de Virrey del Pino y llevó la documentación que le entregaron a la comisaría de González Catán. Allí, una oficial que probablemente conocía a Vega, fue un eslabón más del maltrato que la hostiga sin piedad: sin rodeos ni empatía por el mal momento que atraviesa la joven mamá, le comunicó que al padre le correspondían los mismos derechos que a ella sobre el bebé.

Maximiliano Vega, un policía golpeador

Llorando de desesperación, unos oficiales de la dependencia accedieron a averiguar la dirección de Vega y la llevaron a su casa. “Cuando entré para recuperar a Elías, me reprochó que lo hubiera avergonzado recurriendo a la comisaría donde todos lo conocían. Era tanta la furia que tenía que agarró a mi bebé con fuerza por el cuello, hasta que se puso rojo y empezó a llorar. Por surte se lo pude sacar y me fui con el policía que me aseguró que por su experiencia reconoció en mi ex pareja a una persona con fuertes rasgos psiquiátricos”, rememora conmovida ante Primer Plano Online.

Durante el tiempo que Geraldine vivió en la casa de su hermana en Morón, se acercó a la Fiscalía de Género de esta localidad para dejar asentada una nueva denuncia contra Vega. Por su parte, desde el Juzgado de Familia N° 5 le asignaron una orden de restricción perimetral que su expareja, fiel a su estilo, no respetó. “Incluso me siguió mandando mensajes intimidatorios hasta el 19 de enero pasado que fue mi cumpleaños”, cuenta la víctima del acoso machista del policía.

Para la joven el padecimiento no terminó ni mucho menos. Radicada temporariamente en la casa de un familiar en la zona sur del Conurbano bonaerense para preservarse del acecho de su acosador, da clases particulares o limpia casas para subsistir, a la espera de que se concrete la audiencia por el juicio de alimentos para que el papá de Elías cumpla mínimamente con su deber postergado de hacerse cargo de la manutención del niño. Ella vive con miedo y se mueve por la calle con temor de encontrárselo en cualquier esquina y que cumpla con la amenaza que un día le hizo: “me aseguró que si me alejaba de su lado y me llevaba a su hijo, me buscaría para matarme”.