Monday 30 de November, 2020

INFORME EXCLUSIVO: condenaron a 17 años de prisión a una maestra y un profesor de música por abuso y corrupción de menores en un jardín de Merlo

Las primeras denuncias fueron registradas en septiembre de 2013 y el caso concluyó ayer, con la lectura de la sentencia tras el juicio, que duró un mes y medio, y la detención inmediata de los acusados. Detalles estremecedores de otro caso que conmueve a la opinión pública.

Condena por abusos en jardín de Merlo
Luego de seis años de lucha, los padres del Jardín Nº 901 de Merlo consideran que se hizo justicia

Una docente de nivel inicial y un profesor de música fueron sentenciados por la justicia de Morón a cumplir 17 años de cárcel por haber abusado sexualmente de al menos dos niñas en el Jardín de Infantes Nº 901, ubicado en Pueyrredón y Quintana de San Antonio de Padua, partido de Merlo. Los condenados fueron Silvana Cecilia Paramidani (maestra de sala de 4) y Néstor Gastón Salas.

Por unanimidad, los jueces Mariela Moralejo Rivera, Diego Bonnano y Juan Carlos Uboldi, del Tribunal Oral Criminal Nº 3, dieron por probado que ambos docentes fueron autores penalmente responsables de los delitos de abuso sexual agravado por el acceso carnal, por las circunstancias de su realización configuró un sometimiento gravemente ultrajante para la víctima y por ser los autores encargados de la educación de la víctima, reiterados -dos hechos- en concurso real entre sí, los que concurren en forma ideal con el delito de corrupción de menores agravada por ser los autores encargados de la educación de las víctimas.

Según logró reconstruir Primer Plano Online en base al resultado del juicio (que se extendió por seis semanas), las deliberaciones y la propia sentencia, las denuncias iniciales fueron presentadas en septiembre del año 2013. Los promotores fueron papá y mamá de A. (su identidad no será revelada por ser menor de edad), quienes supieron lo que le estaba sucediendo a su hija de manera “cuasi accidental o azarosa”. Una noche se encontraban en su casa junto a sus hijas, de seis y cuatro años de edad respectivamente.

Mientras la madre se daba una ducha y el padre miraba la televisión en el living, una de las niñas se acercó al papá para contarle que su hermanita quería jugar a algo que no estaba bien pero que, según expresó, le habían enseñado en el jardín. Ante su insistencia, el padre se dirigió a la habitación de las menores e interrogó a su hija más pequeña acerca de cuál era ese juego, obteniendo por repuesta «el juego del culo y la pochola”. A partir de ese momento se desencadenaron los hechos que terminaron con la condena.

Abusos en Jardín 901

De inmediato y antes de continuar con la conversación, le pidió a su esposa se acerque y una vez presente, ambos padres le solicitaron a A. que explique en qué consistía ese juego, a lo que la niña respondió: «la seño nos hace bajar el pantalón y la bombacha y nos da besos acá y acá» -repitiendo los testigos el gesto que la niña realizó tocándose la zona de la vagina y el ano. Luego señaló la parte del cuerpo donde la besaba, y por último se recostó en la cama, sin su ropa, y abriendo las piernas les refirió que su seño «trató de meterle el dedo en el agujerito» (tocándose el orificio anal). La niña también refirió que tenía que besar a la seño en la pochola, que a ella todo eso le daba “mucho asco” y no quiso seguir contando, optando ambos progenitores por retirarse de la habitación y dejar que las pequeñas retomen sus juegos.

Después de consultar con un pediatra, el profesional indagó a los padres sobre si la menor podría haberlos visto a ellos manteniendo relaciones sexuales o si pudo haber accedido a algún material de tipo pornográfico en alguna casa a la que concurre. Ante la negativa de padre y madre, el médico les aconsejó que realicen urgente la denuncia penal. De inmediato la pareja se contactó con otra mamá de la sala del establecimiento educativo para comentarle lo que había expresado su hija y pedirle que charle con la suya. Así lo hizo y, para su sorpresa, si bien al principio M. lo negó, luego, cuando supo lo que A. le había contado de la situación a sus padres, se tapó la boca asustada y dijo «ella no tenía que contar nada». «A la maestra le gusta el juego de los besos», le contó a su mamá la chiquita. El relato de ambas nenas coincidió en cuanto a lo que habían vivido.

Ambas familias concurrieron al día siguiente a realizar las denuncias a Fiscalía porque las menores, cada una a su tiempo y a su modo, fueron contando a sus padres detalles que, en definitiva, permitieron comprender la dimensión real de los abusos. De hecho, al comenzar el debate ante los jueces, la causa estaba elevada a juicio como abuso sexual, pero cuando las audiencias avanzaron y se escuchó la opinión de los especialistas, el fiscal Hernán Alarcón pidió que se amplíe la acusación y se incluya el delito de corrupción de menores.

Respecto de Gastón Nelson Salas, A. contó a sus padres que, en el aula, realizaba un juego en el cual los varones tenían espada -en referencia al pene- de la cual al profesor le salía plasticola blanca, con la que les manchaba la cara, lo que le daba asco, que Silvana la obligaba a abrir la boca y besarle el pito y, si bien a ella no le gustaba, debía hacerlo si quería ir al parque o tomar la merienda. En otra oportunidad la niña contó que Paramidini y el profesor de música se desnudaban durante los juegos y que la señorita las obligaba a besarla en sus genitales, lo que sucedió más de una vez ya que siempre jugaban a lo mismo. A veces el juego era con Silvana, otras con el profesor de música, pero siempre cuando estaban los dos juntos en la sala.

Los testimonios de los peritos y de los psicólogos que participaron de la instrucción y la información que aportaron fueron contundentes. En todos los casos descartaron fabulación y coconstrucción, que no es otra cosa que la posible influencia de mayores en el relato de las víctimas, que al momento de los hechos tenían apenas 4 años. Además, la declaración de las niñas fue tomada por especialistas en Cámara Gesell.

Los docentes condenados mantenían una relación sentimental no blanqueada en la comunidad del jardín, pero que a partir de los testimonios de las menores se pudo establecer. No bien se conoció la denuncia, las autoridades del establecimiento decidieron separarlos de sus cargos. Paramidani y Salas llegaron en libertad al juicio y participaron de todas las jornadas que duró el debate, pero fueron detenidos una vez que se leyó la sentencia.

Actualmente las victimas continúan en tratamiento psicológico, por el trauma que les provocó semejante situación vivida en el jardín de infantes. En el fallo, los jueces pidieron que se investigue si la exdirectora del establecimiento, Silvia Elsa Morato (actualmente jubilada) incurrió en falso testimonio. Asimismo, el tribunal dejó establecido que, una vez que la sentencia adquiera firmeza, corresponde disponer la extracción de muestras biológicas de Silvana Cecilia Paramidani y Nelson Gastón Salas, tendientes a lograr la identificación genética de los condenados antes nombrados y su inscripción en el Registro Nacional de Datos Genéticos.

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