Monday 25 de January, 2021

Informe exclusivo: todo lo que tenés que saber sobre la cirugía paliativa contra el Parkinson que se realiza en el Hospital Posadas

Primer Plano On Line entrevistó a Sergio Pampin, jefe de la Unidad de Neurocirugía Funcional del centro de salud, quien explicó en detalle de qué se trata la intervención. Además, el profesional aclaró que no se encontró la cura a la enfermedad, algo que se difundió erróneamente por las redes sociales.

Equipo médico contra el Parkinson
El equipo casi completo de médicos, técnicos y demás integrantes que compone el área de Neurocirugía del Hospital Posadas

La Enfermedad de Parkinson es una patología neurodegenerativa progresivamente invalidante a la que aún no se le encontró la cura definitiva pero sí una serie de opciones paliativas, ya sean medicamentos o cirugías, que permiten mejorar los síntomas como el temblor, la rigidez y la dificultad de movimientos, entre otras cosas. El primer recurso que tuvo la ciencia a mano para combatir la enfermedad, allá por 1940, fue una cirugía en el cerebro, que comenzó a desarrollarse cuando no existían los fármacos que en la actualidad se les suministra a los pacientes. En la actualidad, el único hospital público que la realiza es el Alejandro Posadas, de El Palomar, en donde un equipo de profesionales altamente calificado desarrolla una técnica que se originó en Japón y se perfeccionó en Cuba, para mejorar la calidad de vida de las personas que padecen la enfermedad y devolverles autonomía de movimientos.

En los años 60, el advenimiento de la Levodopa, que es la droga madre que se le da a los pacientes con Parkinson, hizo que la cirugía caiga en desuso, aunque no por mucho tiempo. Ocurre que, casi en paralelo, se descubrió que la medicación tenía limitaciones, porque luego de la ingesta de años dejaba de producir el efecto esperado en los pacientes. Por eso volvió a tomar auge la cirugía, que tiene muchas diferencias con la actual, básicamente por la tecnología, si bien el objetivo es idéntico. En sus albores era una intervención riesgosa; ahora es mínimamente invasiva, y se lleva a cabo con elementos muy precisos y sofisticados. “La posibilidad de tener complicaciones se minimizó al máximo”, explica Sergio Pampin, jefe de la Unidad de Neurocirugía Funcional del Hospital Posadas.

El médico, matrícula nacional 82.770, se tomó cerca de 45 minutos para charlar telefónicamente con Primer Plano On Line y detallar los alcances del trabajo que el servicio lleva a cabo en una entidad en la que los que concurren no abonan para recibir esta atención médica tan específica, de altos costos en el ámbito privado. Ya de por sí eso constituye una experiencia inédita en Latinoamérica. Luego de hacer la residencia en el nosocomio entre 1990 y 1997, decidió renunciar para ir a capacitarse por el mundo, principalmente en Estados Unidos y Francia. Y volvió con ganas de retribuir al país todo lo que aprendió a partir de su paso por la Universidad de Buenos Aires. Su objetivo era contribuir, de una manera inclusiva, al tratamiento de personas cuya afección impide cosas tan simples como manejarse por sí solos. Y así comenzó una experiencia que éste año promete lograr una expansión como nunca antes tuvo.

Sergio Pampin
Sergio Pampin, una eminencia médica en el hospital Posadas

QUIÉNES SON LOS PACIENTES PASIBLES DE CIRUGÍA

Son aquellos que no evolucionan bien con el tratamiento farmacológico, o quienes empiezan a sufrir efectos adversos con la medicación. Cuando a una persona se le diagnostica Parkinson los primeros tiempos los atraviesa sin mayores dificultades con la droga que se le suministra. Hay algunos que incluso evolucionan hasta 30 años sin problemas, y otros en los cuales los remedios merman en su efecto, y presentan lo que científicamente se llama fluctuaciones motoras. Eso implica que en momentos del día el paciente está bien y en otros mal. Al aumentar la medicación para contrarrestar los síntomas del paciente, la concentración de drogas en su organismo puede causar efectos tóxicos.

“Son pasibles de la cirugía los pacientes que no responden a la terapéutica farmacológica y los que, en el transcurso de su evolución, expresan movimientos hipercinéticos, bruscos e incontrolables, que se dan cuando la medicación tiene su máximo efecto tóxico”, precisó Pampín.

Es interesante evaluar la incidencia de este padecimiento según el rango de edad. 7 de cada 100 mil habitantes de entre 30 y 60 años puede padecerlo, mientras que esa población asciende a los 45 de cada 100 mil en personas de más de 65 años. Por eso siempre los más delicados son los jóvenes, ya que al ser una enfermedad progresiva, el Parkinson acota la posibilidad de tener una buena calidad de vida a largo plazo.

En el servicio del hospital reciben alrededor de 4 mil consultas anuales y operan todas las semanas. Pero a partir de la explosión que tuvo la noticia desde hace un par de semanas, se recibieron 6415 pedidos de consulta de pacientes del ámbito nacional e internacional y el teléfono no para de sonar. “Lo importante es que la gente sepa que nos vamos a hacer cargo de toda la demanda. Estamos arbitrando los medios para habilitar más consultorios, pero pedimos que tengan un poco de paciencia porque la intención es ser inclusivos y que todas aquellas personas que no pueden acceder a los medios privados vengan al hospital para ser tratados”, resalta Pampin.

Talleres de ritmo
Talleres de ritmo, una de las prácticas que llevan a cabo los especialistas del servicio de Neurocirugía Funcional

Y continúa: “La salud siempre la paga alguien. En el imaginario colectivo está instalado que si uno no paga es gratuito, pero eso es falso, porque en el ámbito privado lo paga una obra social o empresa de medicina prepaga, y en el caso del Posadas el dinero lo aporta el Estado nacional. Lo importante que tiene que saber el paciente es que cuando va al hospital no tiene que poner un peso”, destaca.

Y hace un párrafo aparte para poner en valor el equipo multidisciplinario que lo acompaña en el establecimiento. El grupo está formado por neurocirujanos, neurólogos especialistas en movimientos anormales, neurofisiólogos, neuropsiquiatras, neuropsicólogos, ingenieros, trabajadores sociales, personal técnico y quirúrgico de apoyo.

LOS TIEMPOS PARA DEFINIR LA INTERVENCIÓN

Son plazos muy relativos y dependen del tipo de paciente y la evolución de la patología. Pueden variar entre uno y seis meses de estudio, porque todo comienza con una evaluación de la medicación que recibió la persona y si se cumplieron todas las instancias farmacológicas. Una vez que se descarta esa etapa, en donde puede pasar que todavía falta que el paciente reciba algún tipo de medicación que no le fue suministrada previamente, se indican otros esquemas para controlar en el tiempo cómo responde.

Si el hombre o la mujer que padece Parkinson no responde a esa instancia nueva de tratamiento, automáticamente pasa al plan quirúrgico, en donde se realizan varias escalas de motricidad. Ahí el análisis es muy exhaustivo también: se estudia al paciente con la medicación, sin ella, se lo filma, se constatan cuáles son sus déficits, se evalúa la performance psiquiátrica y psicológica, y una vez reunido todo ese material recién se define, en un ateneo multidisciplinario, la potencialidad de recuperación que tiene ese paciente. Ese procedimiento es más rápido en quienes revisten mayor gravedad en el cuadro y un poco más de tiempo demora en los más leves.

Las patologías que suelen tener mejor evolución son aquellas en donde la persona presenta temblores. Las más complejas son esas en donde el componente que sobresale es la rigidez. “La realidad es que todos los pacientes mejoran en diferentes porcentajes. El promedio de mejora es del 57 por ciento, aunque hay algunos que llegaron a mejorar un 80 por ciento. Pero eso implica recuperar la autonomía, lo que significa un enorme avance y retrotraer la enfermedad a su estadio inicial”, grafica Pampin.

Una cuestión importante a tener en cuenta es que cuando la enfermedad se diagnostica ya ha empezado hace varios años atrás. “Corremos desde muy atrás, y al ser un padecimiento degenerativo, en algún momento comienza a afectar no sólo al aspecto motor sino a todo el organismo. Por eso la estadística indica que el 30 por ciento de las personas con Parkinson a la larga desarrollan una demencia”, subraya el médico. En rigor, ahí radica la explicación de que la cirugía es paliativa, no de cura definitiva del Parkinson, algo que todavía no se encontró.

UNA TÉCNICA CUBANA

Como se dijo más arriba, el doctor Pampin se especializó en Francia en cirugía de movimientos anormales y de epilepsia, aunque pasó por distintos puntos del mundo. Luego de sumar experiencia sintió la necesidad de volver a la Argentina para devolver algo que la Universidad de Buenos Aires le había permitido adquirir luego de su carrera de formación. Era el año 2005 y había concluido que había muy pocos centros privados que trataban esta patología, algo que sigue existiendo hasta hoy.

Incluso, los tratamientos que se realizan a nivel obras sociales o empresas de medicina prepaga tienen un costo de entre 30 y 60 mil dólares, y son distintos: se implanta un electrodo a nivel cerebral adosado a una batería que se coloca en el tórax. Eso se llama estimulación cerebral profunda. El inconveniente de esa cirugía es que resulta altamente costosa, entonces son muy pocas las personas que pueden acceder, salvo aquellos que tengan los medios económicos para hacerlo o la cobertura social que lo respalde.

Cuenta Pampin que había leído, en diversas publicaciones de divulgación científica, sobre un equipo cubano que aplicaba una técnica que nació en Japón y que ellos la habían desarrollado. “Los invitamos a hablar para conocer un poco más y ahí comenzó todo”, recuerda el neurocirujano. El método era distinto y se basaba en la colocación de un electrodo en el cerebro para provocar una lesión por radiofrecuencia. “La primera vez que charlamos me quedé con la idea de que eso se podría aplicar en el ámbito público”, rememora.

Parkinson Posadas
El Parkinson es una enfermedad que no tiene cura, pero sobre la cual se puede trabajar para contrarrestar sus efectos adversos

Siempre en el mundo de las causalidades desde donde nacen esas cosas que uno ansía profundamente, Pampin evoca un encuentro absolutamente fortuito que tuvo con una ex compañera de residencia del Posadas en la fila del banco. “Le conté lo que estaba haciendo y me preguntó por qué no venía a hacerlo al hospital en donde ella era la directora”, cuenta el médico. Esa fue la piedra fundacional de ejecución del proyecto.

“La verdad es que pensé que en el ámbito público esto no se iba a poder hacer nunca. Pero recibí el llamado al mes diciéndome que habían establecido contacto con este grupo cubano y que estaban interesadísimos en desarrollar la técnica en Argentina a cambio de que nosotros les diéramos devoluciones profesionales para que ellos vayan mejorando. Eso fue allá por el 2008. En 2009 me llamaron y me dijeron que ya teníamos todos los equipos en el hospital”, indica casi con la emoción de revivir ese momento.

Pampin se presentó en el Posadas y se encontró con el equipamiento. Claro, el problema inicial en que se vio envuelto es que no sabía ni siquiera cómo encenderlo. Es una máquina específica de microregistro neuronal, o sea, un bioamplificador que muestra gráficamente cómo están descargando las neuronas. La función que cumple es de altísima precisión que reconstruye tridimensionalmente el cerebro. “Como si lo tuvieras al cerebro en la mano”, señala Pampin. Así se programan las cirugías.

El médico pidió en ese momento un ingeniero, un neurofisiólogo y un neurólogo especialista en movimientos anormales, que se incorporaron al equipo. También gente que, como él, había vuelto al país. El siguiente paso fue viajar a Cuba a operar pacientes y a conocer más en profundidad la técnica y los equipos. “Lo que te voy a decir es una realidad: yo viajé por todo el mundo, pero el grupo más impresionante a nivel del conocimiento cerebral y en donde yo aprendí más es con los cubanos. Hoy por hoy de ese equipo quedan muy pocos porque la mayoría fue absorbido por servicios europeos”, destaca.

Después de seis meses de ida y vuelta, de intercambio de conocimientos, de manejo de los equipos y de tomar confianza en el manejo de la técnica, comenzó el servicio. En 2010 con 200 pacientes, y en 2017 un pico de 4500. “Eso nos hizo dar credibilidad, y mostrar lo que estábamos haciendo en todo el país y en el resto del mundo”, cerró Pampin.

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