Monday 18 de January, 2021

Juan José Castilla, la otra víctima del asesino al volante de Ituzaingó: el pampeano que nunca debió haber viajado

Tenía 45 años y era dueño, junto a su esposa, de una pequeña empresa de camiones para transporte de aceite. El pasado miércoles, dos de sus choferes no podían hacer la entrega en Buenos Aires y decidió venir él manejando cuando se encontró con el borracho que le quitó la vida.

Asesino al volante en Ituzaingó
Castilla con Mariana, su esposa, y sus dos hijos varones, Agustín y Román

Juan José Castilla había encontrado el equilibrio entre el trabajo y la familia. Disfrutaba de su matrimonio con Mariana Murcia y de sus hijos Agustín y Román, de 18 y 13 años respectivamente. Su otra hija, Candela, fruto de su anterior relación, ya había formado su propia familia junto a su esposo Andrés, pero igual él estaba para los tres, como cualquier padre de esos que son infaltables.

El miércoles pasado, su pequeña empresa de camiones recibió el encargo de una entrega en Buenos Aires y consultó a dos choferes para saber si podían hacerla. Pero la negativa de ambos lo obligó a tomar una decisión que a su mujer mucho no le gustó, pero que respetó por la responsabilidad con la que el hombre encaraba su trabajo. Viajó él en persona para cumplir con la contratación, cuyo destino era Avellaneda.

Cuando estaba llegando a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, transitaba por el Acceso Oeste y, a la altura del Camino del Buen Ayre, el auto de Alan Rodríguez, el asesino al volante que manejaba borracho y terminaba de embestir a la moto en que viajaba Martín Fernando Galarraga, se le fue encima. Una maniobra para intentar evitar el choque provocó el vuelco del camión. Y la muerte de Castilla fue instantánea por las heridas que recibió.

Asesino al volante en Ituzaingó
“Juan José era una persona que la peleó siempre y que siempre trataba de ayudar a todo el mundo», dijo su mujer Mariana

La noticia, cruel por cierto, golpeó a su familia en General Pico, La Pampa, que debió instrumentar a la distancia un operativo de urgencia para viajar a Buenos Aires a realizar los trámites respectivos para conseguir el traslado del cuerpo. Recién ayer sábado sus restos fueron inhumados en el cementerio de esa ciudad luego de un breve velatorio en la cooperativa Corpico. Lo despidieron también su mamá, Erminia Neira, y sus suegros Elva Martínez y Miguel Murcia, además de hermanos, cuñados, sobrinos y vecinos del barrio.

“Juan José era una persona que la peleó siempre y que siempre trataba de ayudar a todo el mundo, tremendamente humilde. Nos hicimos bien de abajo siempre en base al esfuerzo. Tendrían que haber visto lo que fue su velorio, la cantidad de gente que fue”, expresó su viuda, Mariana Murcia, vía telefónica a Primer Plano On Line.

Agustín, el mayor de sus hijos varones, estuvo hasta hace un par de años probando suerte en las inferiores de River, pero dos operaciones, una en cada rodilla, lo hicieron postergar sus sueños de futbolista y se volvió a La Pampa. Ahora, de a poco, intenta retomar su espíritu competitivo en Racing de Castex, en su pueblo. Pero desde hace dos días sólo está tirado en la cama y prácticamente sin hablar. La muerte de su padre lo golpeó con dureza, al igual que a su hermanito.

Una de las hermanas de Juan José, Gladis, que vive en Buenos Aires, se pondrá al frente de la representación familiar en la causa por decisión de los Castilla. Como a los Galarraga, la desaparición física del sostén de hogar los destrozó. Son dos familias unidas por la tragedia, por una pérdida irreparable y a la que los kilómetros no podrán impedir que exijan idéntica palabra: justicia.

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