Friday 27 de November, 2020

La calle es un infierno: conductor de una camioneta que invadió carril atacó a un colectivero

Rompió el espejo retrovisor del transporte con un golpe de puño y luego sacó una maza pero no alcanzó a agredir porque el chofer le cerró el paso. Viajaban 15 pasajeros que bajaron de la unidad para calmar al violento.

El colectivo circulaba por Venezuela, después de cruzar Camino de Cintura, cuando de repente se encontró con la camioneta de frente

Un colectivo de la empresa La Cabaña sufrió esta mañana una violenta agresión de parte del conductor de una camioneta que invadió el carril contrario para adelantarse al tránsito en un semáforo en donde la fila se hace larga en horas pico. Ocurrió en San Justo, donde el interno 650 de la Línea 174 regresaba a la terminal de Rafael Castillo luego de su primer trayecto uniendo esa ciudad de La Matanza con Liniers.

El colectivo circulaba por Venezuela, después de cruzar Camino de Cintura, cuando de repente se encontró con un rodado de frente cuyo conductor no sólo persistió en la flagrante violación del carril contrario sino que, además, directamente se bajó a agredir al chofer del transporte.

Guillermo, el colectivero, contó a Primer Plano Online que hace 14 años es conductor profesional y que incidentes de este tipo suelen ocurrir a diario, pero nunca con este nivel de violencia. “No podía creer que el tipo, además de cometer la infracción, quisiera tener razón por la fuerza. Encina me chocó de frente. Una locura”, reflexionó.

El infractor se bajó de la camioneta Kangoo blanca y empezó a golpear con el puño el espejo retrovisor del lado izquierdo del colectivo hasta que lo rompió. Pero visiblemente nervioso se acercó a su rodado, tomó una maza y pretendía ir directamente hacia el micro, aunque la rápida reacción del chofer impidió que pudiera acercarse.

A todo esto, varios de los 15 pasajeros que viajaban bajaron para intentar calmar al agresor, que finalmente se subió en su rodado y se fue del lugar, no sin antes insultar al colectivero a los gritos. Guillermo tiene 37 años y sabe que de su trabajo depende el alimento diario de su familia, por eso optó por tomar el celular y filmar lo que le estaba pasando para dejar registrado el insólito episodio.

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