Sunday 17 de January, 2021

La emocionante historia de ‘Chapita’, la mascota oficial del Deportivo Morón

Alejandro Tapia tiene 33 años y se ganó el lugar no a través de un casting ni tampoco fruto de la inspiración del departamento de marketing del club sino porque un día se animó a ponerse el disfraz. La semana pasada, los jugadores del plantel profesional ofrecieron pagarle el pasaje a Mendoza para el partido con River pero él se negó. Esta noche, el equipo de Walter Otta recibe a Instituto.

Chapita Tapia
Alejandro 'Chapita' Tapia se convirtió en un personaje entrañable para los hinchas del Deportivo Morón

En el lado sur, ahí donde Burgos choca con Don Bosco, empieza el barrio San José. En esa esquina inaugural del distrito se dan algunos pocos consensos. La cerveza y la cumbia; pero también una identificación natural con el ‘Gallo’. Ni River ni Boca y tampoco el desvarío de repartir la pasión entre dos equipos: al hincha de Morón le alcanza y le sobra.

«Amo mi barrio. No me iría nunca de San José porque ya me conocen todos. Tuve una infancia difícil y por eso la gente me da mucho cariño», cuenta Alejandro Tapia, 33 años y apodado ‘Chapita’. Es el Gallo de Morón, la mascota de la institución, que además de ir a los cumpleaños de los nenes y de los no tan pequeños visita a hinchas y socios que pasan por alguna complicación de salud. No distingue entre quienes están en sus domicilios o aquellos que están internados: donde lo requieran o sienta que puede aportar una sonrisa el tipo se aparece. En junio pasado, en la fiesta aniversario del club, el presidente Alberto Meyer le entregó una distinción como mascota y embajador del club.

“Sólo unos pocos vecinos saben que soy el gallo. Soy muy callado y me gusta estar tranquilo. Cuando estoy adentro del traje nunca me saco la cabeza para que la gente no me reconozca”, explica ‘Chapita’, que no se impuso en ningún casting ni tampoco es una inspiración del departamento de marketing del club. Ganó su lugar porque se animó. Así de simple. Así de osado. Así de valioso.

«Empecé a ir a la cancha de chiquito, a los ocho o nueve años. Iba solo y me quedaba a un costado de la popular. Era un socio más pero hace unos años un vecino me dijo que tenía el disfraz del Gallo Claudio y que nunca lo usaba porque le daba calor. Entonces le pedí que me lo vendiera porque yo lo iba a usar para ir a la cancha. Me dijo que si era para alentar al ‘Gallo’ me lo regalaba», relata Alejandro para indicar cuál fue el origen del personaje.

Chapita estrenó el uniforme para ir a la cancha un martes a la noche de 2009 en el viejo Francisco Urbano. Esa jornada fue con victoria para Morón y encima encontró la aceptación en la tribuna de inmediato. «Desde el primer día que me puse el traje los chicos empezaron a acercarse y a pedirme fotos. La gente siempre me trató bien, con mucho respeto», señala.

El personaje en cuestión tuvo un impensado pico de notoriedad gracias a dos hechos que fueron registrados por las cámaras de televisión. El primero ocurrió un sábado al mediodía de 2006, también en la antigua cancha de Morón, durante un partido contra All Boys. La imagen, que luego se volvería viral, es la del Gallo parado en uno de los paravalanchas centrales –previo acuerdo con la barra– en el instante exacto en que hace el ademán de tomarse los testículos (si eso fuera posible en un ave), como ofrenda a la hinchada rival. «Estuve mal –aclara Chapita– porque lo que hice puede generar violencia. Me arrepiento y sé que no lo volvería a hacer».

Chapita Tapia
El recordado y aplaudido abrazo con el entrenador de Brown de Adrogué, Pablo Vicó, que ascendió en el Urbano

Casi una década más tarde, en 2015, el Gallo volvió a ser noticia, pero esta vez por un gesto que no suele verse en el futbol argentino. Aquel sábado de noviembre, ya en el nuevo Francisco Urbano, Brown de Adrogué marcó el gol del triunfo sobre Morón a los 49 minutos del segundo tiempo y consiguió así el ascenso al Nacional B. Las circunstancias permitían imaginar un escenario de violencia. Sin embargo ‘Chapita’, disfrazado de Gallo, lejos de boicotear los festejos del rival, entró al campo de juego y felicitó al técnico de Brown, generando aplausos en la tribuna local. «Yo había visto una nota a Pablo Vicó y me había enterado de que había perdido un hijo en un accidente. Así que cuando terminó el partido entré a saludarlo. Él me agradeció por el gesto y después de ese día quedó una buena relación», destaca.

Chapita sabe de pérdidas. Sus padres murieron cuando todavía era un adolescente y con la ayuda de sus hermanos mayores (él está en el medio de un total de seis) debió hacer frente a una realidad que nunca les dio respiro. «De pibe sufrí mucho. Al ser tantos, teníamos problemas en casa y a veces pasábamos necesidades. Sin mi papá se hizo todo más difícil. Él era cuidador en el cementerio municipal pero antes de eso era plomero y tengo una foto suya pasando los caños por debajo de la platea de la cancha vieja de Morón. Él también era del Gallo y lo que más me duele es que no llegó a verme con el disfraz porque se murió cuando yo tenía 15 años».

El barrio puede ser determinante en la vida de una persona y en el caso de ‘Chapita’ resultó evidente. Un vecino le regaló el disfraz de Gallo y fue otro quien le permitió recalar en la intimidad del club que ama. «Luis Martínez, el entrenador de arqueros, me hizo entrar un día al vestuario. Me gustó y me quedé. Ahora voy todos los días al club y doy una mano en lo que necesiten», le contó al diario Tiempo Argentino.

Chapita Tapia

Está claro, aunque no viene mal aclararlo, que no cobra un centavo por ser la mascota de Morón los días de partido. Tampoco por el trabajo que hace en la utilería durante la semana. «Es un fenómeno –dice Damián Akerman, jugador y emblema del equipo–. Nunca faltó a un entrenamiento y siempre está dispuesto a dar una mano en todo. Hasta se pone el traje en los cumpleaños para darles una alegría a los chicos. Pienso que debería cobrar algo por todo lo que nos ayuda. Yo le digo que para mí no es la mascota de Morón, sino que es la mascota del fútbol argentino porque aunque haya otras dando vueltas por ahí, ‘Chapita’ es único», cuenta el histórico goleador.

La semana pasada, en Mendoza, Morón tuvo su chance contra River en la semifinal de la Copa Argentina. El plantel decidió pagarle a Chapita el pasaje en avión como premio a tanta fidelidad, pero ‘Chapita’, luego de agradecer emocionado, dijo que prefería viajar un día entero en camioneta con sus amigos de San José. «Cómo le voy a sacar plata a Morón –se indigna–. Si hasta sigo pagando mi carnet de socio solo porque me gusta ayudar al club», cierra. Una muestra de fidelidad como pocas otras.

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