Sunday 3 de July, 2022

La mujer que perdió a sus hijas por monóxido de carbono, el “veneno silencioso que anuncia una muerte dulce”

Valeria Giarratana es mamá de Agustina (12) y Pilar (8), quienes fallecieron junto a su padre y otra hermanita de un año durmiendo por ese asesino incoloro, que no se ve y cuya presencia es muy difícil de percibir. Desde su tragedia se puso al frente de campañas de difusión para advertir a la población.

Valeria Giarratana
Valeria, su dolor y entereza, durante la entrevista mano a mano con Adrián Noriega

La vida de Valeria Giarratana cambió para siempre y nunca más volverá a ser la misma. Perdió a sus dos hijas, Agustina de 12 años y Pilar de 8, a manos de un asesino al que logró identificar, consiguió pruebas en su contra pero no lo pudo someter a juicio para meterlo preso. El 1 de junio de 2014 el monóxido de carbono fue el culpable de las muertes de las pequeñas. El mortal gas se llevó además la vida de la hermanita de ambas, Valentina de un año de edad, y de Luis, papá de las tres nenas y ex pareja de Giarratana. Los cuatro dejaron de existir en el departamento que el hombre, un comerciante de Haedo, había alquilado y en el que vivía desde hacía tres semanas.

Según se supo luego de las pericias de rigor, la falla fue en el calefón. Desde entonces, la mujer se puso al frente de una campaña de concientización en colegios e instituciones que la convocan para advertir a la comunidad del peligro latente con el que convive.

“Esto le puede pasar a cualquiera. Antes creíamos que era por el brasero que usaban las clases bajas pero no, es la mala combustión, y eso no lo podemos detectar. Ante la duda, lo mejor es llamar al gasista”, enfatizó Giarratana en conversación con Adrián Noriega en la emisión semanal del programa periodístico Primer Plano.

¿Cuáles son los síntomas que provoca el hecho de que el monóxido esté en el ambiente? “Los principales son el dolor de cabeza y de estómago. Pero es acumulativo, entonces si estoy en un ambiente que tengo algo abierto pero está quemando mal la hornalla, puede que no me sienta mal en el momento pero sí a los días. Vamos a la guardia, contamos que nos sentimos mal y el médico nos va a preguntar qué comimos y eso, pero en esta época nosotros tenemos que ir con el pensamiento de que puede ser por el monóxido”.

Valeria contó detalles de su caso que pueden ser extensibles al resto de los ciudadanos. Por ejemplo, que unos días antes del trágico desenlace, el papá de sus hijas le había dicho que no podía despertar a la mayor de las nenas. «Eso fue una señal de alarma», recuerda, y recomienda prestarle atención. “Los artefactos estaban en piloto permanente, pero al prender el calefón provocó la muerte. Cuando estaba él solo no se moría porque era uno y había más oxígeno en la casa”, explica, a modo de señal de alarma. Es decir: el piloto no es la salvación y hasta puede ser el verdadero problema.

En cuanto a su persona, Valeria reflexiona que “sobrellevo el dolor con mi fe, pero me cuesta el rol que me quedó. Vacío, no saber en dónde estás”. Y cierra: “Mamá sigo siendo pero no cumplo ese rol todos los días, entonces te sentís perdida. Pero elegí seguir y seguir bien: para estar mal no hubiera seguido este camino”.

Seguinos en nuestra cuenta de Instagram ó unite a nuestro canal privado de Telegram