Wednesday 16 de June, 2021

La vida después del horror: el relato de un sobreviviente de la inseguridad en Castelar, que perdió un riñón y parte del hígado a manos de ladrones

Diego San Martín recibió a Primer Plano Online en el Club Porteño, donde su cuñado atiende el restaurante. Durante la entrevista con este medio contó sus vivencias luego de recibir un tiro en el pecho y manejar durante dos cuadras para pedirle ayuda a un vecino.

Diego San Martín
“De no haber sido por las manos mágicas de los médicos hoy no estábamos hablando", destaca Diego San Martín, con su hijo Fermín al lado

Diego San Martín atiende a Primer Plano Online luego de varios días de gestión para poder realizar la entrevista con un pedido especial. «¿Puede estar él conmigo?», le pregunta al equipo de este medio que se acerca al Club Porteño, en pleno centro de Morón.

A su lado se sienta Fermín, que aclara que para él salir en cámaras no es algo novedoso. “Mirá que yo soy youtuber”, cuenta el niño de tan sólo ocho años. Con su corta edad ya conoce la muerte de cerca, y también sabe de qué se trata celebrar la vida. Haber podido festejar el Día del Padre el domingo pasado es algo que para siempre tendrá otro sabor luego de 15 días en donde sólo sabía que su papá dormía.

Diego es protagonista de una historia que mezcla la inseguridad con la hazaña cotidiana de los médicos que trabajan en hospitales públicos, la tarea de la Policía y el amor incondicional de su familia, esa que no se despegó de su lado durante la internación ni lo deja ahora un minuto en soledad. Su otra hija, Lola, de cuatro años, es el otro baluarte de su recuperación.

El vecino de Castelar Sur llegaba a su vivienda sobre la calle Gobernador Arana cuando notó que un auto que venía de frente se le cruzó en medio de la calle. Del lado del acompañante delantero y trasero bajaron dos sujetos armados y directamente apuntándolo. La víctima está convencida que fue una “batida”, es decir, que alguien que conoce sus movimientos lo entregó.

Su cotidiano vivir indica que una vez al mes va a la fábrica de la empresa Manaos porque es dueño de una pequeña flota de camiones que están al servicio de esa firma para la distribución de las bebidas. “Era un día normal de cobro como cualquier otro. Me llevo el dinero para liquidar sueldos, pero al llegar a casa me estaban esperando. Cuando puse marcha atrás para escapar siento el disparo”, narró a Primer Plano Online.

Diego pudo irse de allí, pero con una bala que ingresó por el parabrisas y se alojó en su esternón. Le dispararon los tres delincuentes que lo intentaron interceptar. La marcha atrás de su vehículo lo hizo llegar hasta el taller de un vecino del barrio, quien terminó siendo clave para que el muchacho hoy cuente su calvario. “Frené y le pedí por favor que me lleve al hospital”, describe. El mecánico dejó todo lo que estaba haciendo, lo cargó en su vehículo y voló rumbo al nosocomio. “No te mueras, por favor”, le pedía Jonathan, “un tipo de fierro”, según Diego.

Al llegar al Hospital de Morón, los médicos le dieron prioridad absoluta por ser un herido de bala, cuya vida corría riesgo. Nadie se opuso: hasta los pacientes que aguardaban por ver a los profesionales hicieron lugar en la sala de espera y lo ayudaron a ingresar. Desde aquel 7 de mayo hasta que le dieron el alta atravesó por cuatro operaciones, la anteúltima con 100 puntos de sutura. Le tuvieron que amputar el riñón derecho, reconstruirle el hígado, la vena cava y luego ponerle una malla protectora, aunque no lograron extirparle la bala que le provocó el desastre en el organismo. Todo en una institución municipal, de la cual cuando habla se emociona.

“De no haber sido por las manos mágicas de los médicos hoy no estábamos hablando. Apostaron desde un primer momento a salvarme la vida, no se quedaron nunca”, agradeció durante la charla. Su hermana, que presenciaba sus dichos, acotó que hay varias maneras de devolver el sacrificio que los profesionales y el personal sanitario hace para cumplir con su objetivo de salvar vidas. “En los 15 días que estuvimos ahí, en terapia intensiva esperando su evolución, varias veces nos pusimos a limpiar. Esa es una forma concreta de dar gracias que no le cuesta a nadie”, señaló.

“Lo que puedo cambiar es la forma de tomarme las cosas para disfrutar a mis hijos”, confiesa Diego sobre el final de la charla, y no quiere terminar con una mención al comisario Alfredo Valdés, de la seccional 4ª de Gervasio Pavón, que cuidó de su familia mientras él agonizaba.

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