Tuesday 7 de February, 2023

Le quemaron la cara con ácido, perdió una oreja, parte de su nariz y la vista de un ojo, pero le niegan el certificado de discapacidad

Nahuel Brea fue quemado con un líquido altamente corrosivo en su rostro en el verano de 2017. Ya pasó por más de veinte cirugías y debería continuar su tratamiento pero su mamá se quedó sin trabajo y no cuentan con los recursos mínimos para afrontar los gastos de traslado y medicación.

Antes y hoy: esta fue la transformación que logró hasta la fecha Nahuel, después de mas de 20 cirugías reparadoras

Como consecuencia del malintencionado ataque perpetrado por Nahuel Comolli, quien se decía su amigo, Brea sufrió la pérdida de  una oreja, parte de su nariz y la vista de su ojo izquierdo. Los celos por una chica que ambos se disputaban fue el detonante que provocó la terrible agresión. El ácido que inhaló también provocó efectos devastadores en su garganta y cuerdas vocales. Después de una veintena de cirugías mejoró su condición y la piel de su cara, pecho y brazos se fue regenerando, pero aún le queda un largo trecho para lograr su recuperación y decididamente  su vida nunca volverá a ser la misma.

El agresor, por su parte, cumple una condena de apenas cuatro años de prisión en la unidad N°39 de Ituzaingó por los daños irreparables que le causó.

Hoy Nahuel Brea tiene 20 años, vive con su mamá, Claudia Romero, y con Milagros, su hermana de 16, con quienes comparte un pequeño departamento en Ituzaingó. Su padre les acerca de tanto en tanto algo de dinero para el alquiler y algunos pesos para sobrevivir, pero esa ayuda no les alcanza.

Lucas Brea
Nahuel y Claudia, siempre unidos: le dan pelea a la vida pese a la constante adversidad

Claudia insistió una y otra vez en la obtención del certificado de discapacidad que le permita a Nahuel acceder a un susbsidio que los ayude, al menos, a movilizarse hasta los distintos hospitales donde debe terminar con la seguidilla de cirugías reparadoras que aún están pendientes. Pero el Estado determinó que primero debe culminar con todas y cada una de las operaciones que le restan hasta su recuperación total, para evaluar al final del proceso qué grado de discapacidad se le asigna. Burocracia en estado puro.

Más que en la obtención del certificado en cuestión, madre e hijo están esperanzados en conseguir trabajo para poder encarar de una vez por todas las operaciones que le fueron indicadas por los médicos que siguen a Nahuel desde 2017. De mínima le restan tres o cuatro cirugías de nariz en el Hospital Santojanni; una cirugía plástica y de reconstrucción de oído en el Instituto del Quemado de la Ciudad de Buenos Aires y un implante de córnea en el Hospital Oftalmológico Santa Lucía para recuperar la vista de su ojo izquierdo que perdió por completo.

Para colmo de males, el contrato de alquiler del departamento que ocupan llegó a su fin sin posibilidad de renovación por falta de recursos. Convencido de que su madre y su hermana podrían conseguir un lugar para vivir más pequeño y económico, Nahuel intentó volver a la habitación que ocupaba antes del accidente en la casa del partido de Morón de su abuela paterna, Nélida Amarilla, quien se niega a recibirlo. Le reprocha que después del desdichado accidente se fue a vivir con su madre para que cuidara de él.

Nahuel se la rebusca para colaborar en el hogar, más aún ahora que su mamá se quedó sin trabajo. Hace changas de albañilería o sale a vender rosquitas caseras con algún amigo. El delicado estado de salud que lo tuvo en vilo durante muchos meses no le permite realizar ciertas tareas que impliquen estar demasiado tiempo expuesto al sol o al calor, pero sí se moviliza en busca de algún trabajo puertas adentro. Claudia, por su parte, limpia casas o cuida abuelos toda vez que se presenta la oportunidad. En ese proceso están madre e hijo: buscando un trabajo que los dignifique y que acerque al joven a la posibilidad de verse cada vez un poco mejor y sentir que el espejo le devuelve poco a poco su verdadera identidad.