Friday 27 de November, 2020

“Lo maté y no me pude llevar la moto”: la sanguinaria confesión del asesino de un profesor de inglés

Maximiliano Gabriel Taranto tenía 28 años y murió desangrado en brazos de su padre por la herida que recibió tras un balazo en el ojo izquierdo a través del visor del casco. Llegaba a su casa de Laferrere con la moto que había comprado hacía tres días. Por el caso están detenidos los dos presuntos autores.

Inseguridad
El crimen de Maximiliano Taranto conmovió a los vecinos de Laferrere

El asesinato de Maximiliano Gabriel Taranto ocurrió el 2 de mayo del año pasado. El joven de 28 años, docente de inglés e historia en los planes FINES, para terminalidad del secundario de personas adultas, murió por las heridas que le provocó un balazo a corta distancia en el ojo izquierdo, justo a la altura del visor del casco de su moto, esa que había comprado unos pocos días antes.

Llegaba a su casa, ubicada en Encina al 2400 de Gregorio de Laferrere, proveniente de la facultad, donde estudiaba un posgrado, cuando dos motochorros lo abordaron para robarle el flamante vehículo. Pero casi sin mediar palabra y en unos pocos segundos, la respuesta de los malvivientes hacia el muchacho fue el sanguinario tiro a corta distancia. Prácticamente fue fusilado por los dos ladrones, que se fueron del lugar sin robarle nada. Maxi, como lo conocían todos, murió en los brazos de su padre, que en la desesperación al verlo malherido lo trasladó al primer centro asistencial del barrio, a donde llegó sin vida.

Luego de una tremenda solidaridad que la familia Taranto recogió en el barrio y muchos testigos que declararon en sede judicial, algunos bajo identidad reservada, el fiscal Jorge Yametti logró la detención de los supuestos asesinos. Todo indica que son ellos los que mataron a Maxi, pero la culpabilidad definitiva se debe probar en el juicio, al que ambos llegaran acusados de homicidio simple agravado por el uso de arma de fuego e intento de robo.

EL TESTIMONIO DEL PADRE DE MAXI TARANTO A LAS POCAS HORAS DEL CRIMEN

Justamente en la carátula está explicado el título de éste artículo. “Lo maté y no me pude llevar la moto”, le dijo el autor del disparo a sus amigos, con los que compartió una coartada que se truncó gracias a las pruebas que recogió la justicia. F.N.E, el asesino que mató a sangre fría, está preso en una comisaría porque, según le explicaron a la familia Taranto, no hay cupos en la penitenciaría, donde debería estar. Quien sí está alojado en una cárcel de máxima seguridad es el coautor del crimen, L.J.G, que fue atrapado en la noche del 3 de mayo de 2017, un día después del horrendo disparo.

Ambos son mayores de edad y, lo más impactante, es que vivían a cuatro cuadras de la vivienda donde fue asesinado el docente. Entre las pruebas que los incriminan hay una filmación del robo a un supermercado de ese mismo barrio, una semana antes, en el que actuaron a cara descubierta y con la moto con la que abordaron a Maximiliano Taranto. F.N.E, el que apretó el gatillo hacia la humanidad del profesor de inglés e historia, estuvo dos meses prófugo hasta que lo arrestaron, insólitamente, merodeando por el barrio. Quizá por eso, luego de la segunda detención, es que la cúpula de la Policía bonaerense de Laferrere fue descabezada.

Crimen de Maximiliano Taranto
Familiares y amigos mantienen viva la memoria del docente con un reiterado pedido de justicia

Los papás del joven asesinado se propusieron hacer justicia en memoria de su hijo. Para mantener vigente el caso y en búsqueda de justicia, la familia creó la página “Justicia por Maxi Taranto” en la red social Facebook. Ahí difunden cada una de las actividades que realizan. Atravesado por un dolor que sabe no cicatrizará nunca, su papá, Marcelo Taranto (52), está con licencia psiquiátrica en su trabajo en la empresa de transporte Almafuerte. Su esposa, Marisa Aguilar (48), es ama de casa y había terminado en secundario justamente a través del Plan Fines en 2016, el mismo año en que su hijo se había recibido en el profesorado de historia. Levantaron juntos el título. Martín, de 24, y la hija menor del matrimonio, de 15, habían acompañado esa celebración familiar. Hoy todos son parte del luto a la espera de justicia.

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