Thursday 1 de December, 2022

Los 100 años de Dorita Zarlenga: una vecina multifacética que es sinónimo de amor y servicio en la región oeste

Su fructífero siglo de vida se celebró con un chocolate con churros y pastelitos. Rodeada del amor de su familia y amigos, sopló las velitas sobre una torta con forma de corazón y decorada como un uniforme rosa de las voluntarias del Hospital de Morón, atuendo que ella vistió con pasión durante muchos años.

Dora Morán de Zarlenga es simplemente ‘Dorita’. Una mujer sensible, docente de raza y ejemplo de servicio. Madre de cinco varones, esta ciudadana ilustre de Morón es además un verdadero modelo de coherencia, fortaleza, fe y amor.

Dorita nació en Lincoln el 15 de junio de 1922. Casada con Celso Zarlenga, tuvieron cinco hijos varones que son su desvelo. Docente recibida en su ciudad natal, a los 17 ya ejercía en una escuelita rural en General Pinto; de esas en que la maestra no sólo enseñaba a leer y a escribir, sino que era muy respetada como guía en el hogar de los alumnos.

Familia, amigos y la torta alegórica del guardapolvo rosa que usó durante años como voluntaria del Hospital de Morón

“Con Celso éramos vecinos en Pinto, nos casamos en 1945 y nos mudamos a Morón. Enseguida nos vinimos a Castelar ‘mi patria chica’, adonde sigo viviendo”, le confió hace algunos años al medio Castelar Sensible. “Cuando me trasladaron a una escuela de Las Heras mi esposo acompañó mi deseo de seguir la vocación y hasta allí viajaba cada día, haciéndome cargo de primero inferior. Entonces descubrí que ser maestra de ese grado, en una época donde no había jardín de infantes, era una experiencia que le deseo a todos los docentes”, narró.

En 1952 la nombraron maestra de grado a cargo de Dirección y fue convocada para formar la escuela 12 en el barrio Parque San Martín de Merlo. Pero cuando cayó en la cuenta de que sus hijos la necesitaban más cerca ingresó como vicedirectora en la Escuela Nº 7 de Castelar donde cinco años más tarde comenzó a desempeñarse como directora.

Video gentileza de Castelar Sensible

A los 47 años, todavía muy joven, Dorita se enfermó del corazón y debió jubilarse. “Por un tiempo largo sentí que me habían quitado la escuela; no podía pasar por la puerta”, recordó hace unos años con dolor.

Para esa nueva etapa en la que debió alejarse de la docencia, la vida  le tenía preparada una nueva misión vinculada con la salud. En ese sentido le confió a Castelar Sensible: “Durante el brote de polio del ´56 mi esposo junto a otros vecinos habían fundado ARENIL (Asociación para la Rehabilitación del Niño Lisiado). Al jubilarme y luego de recuperarme de las internaciones en terapia intensiva y la unidad coronaria, empecé a ser voluntaria de ese centro de salud; eso fue desde el ´68 hasta el´82”.

El album de Dorita: junto a sus hijos y en momentos en los que recibió reconocimientos por su labor al servicio de la comunidad

Poco después, cuando el Hospital de Morón se preparó para recibir a los heridos de la Guerra de Malvinas, desde la Coordinación Institucional de Voluntarios Hospitalarios de la Argentina convocaron a las voluntarias de ARENIL para colaborar. Allí fue Dorita junto a un grupo de cinco mujeres y se quedó hasta el 2007.

Desde 1993 fue reelegida como presidenta de las voluntarias del nosocomio moronense en cuatro períodos consecutivos hasta que se puso firme en su decisión de no seguir en ese cargo, aunque permaneció hasta su retiro trabajando todos los días como una voluntaria más.

Esta es, en versión resumida, la historia de vida y servicio que a lo largo de un siglo protagonizó esta mujer enorme que no deja irradiar su amor incondicional a hijos, nietos, nueras y amigos, y que dejó una huella en todos aquellos que circunstancialmente tuvieron la dicha de ser parte de su camino.

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