Thursday 29 de July, 2021

Multitudinaria marcha por seguridad en Ramos Mejía con críticas a la política, a la justicia y a la Policía

“¿A dónde están, los que nos tienen que cuidar?”, fue uno de los cánticos que sonó durante la manifestación encabezada por los hijos de María Rosa Daglio, la psicóloga asesinada el viernes 19 de marzo por un motochorro que debió haber estado preso.

Dos de los hijos de María Rosa Daglio (una con megáfono y el otro con mano en el pecho) se pusieron al frente del reclamo

Hay algo que queda claro de la multitudinaria marcha por seguridad y justicia que se realizó anoche en Ramos Mejía: si hubiera estado con vida, María Rosa Daglio seguro que era una de las manifestantes. Es que la psicóloga asesinada por el motochorro que intentó arrebatarle la cartera y que debió haber estado preso solía ser parte de las diversas causas nobles que intentaban sembrar una mejor sociedad.

Si bien no asistió en persona, sus hijos se pusieron camisetas y portaron pancartas con su rostro y llevaron bien alto la consigna. Tomaron un megáfono y hablaron ante la enorme cantidad de personas que se sumó a la movilización, que se extendió por más de cuatro cuadras. “¿A dónde están, a dónde están, los que nos tienen que cuidar?”, se preguntaron con una de las canciones que fue insignia de la marcha.

La concentración arrancó en las intersecciones de Avenida de Mayo y Rivadavia. Desde ahí caminaron hasta Belgrano, sobre la que transitaron hasta doblar a la izquierda en Mariano Moreno. Luego de una cuadra, retomaron Rivadavia volvieron al punto original, para finalizar con un trayecto de cinco cuadras por Avenida de Mayo hasta la comisaría, que es la seccional segunda de La Matanza.

Velas encendidas, cacerolas, bocinazos desde autos, colectivos y hasta una formación del tren Sarmiento. Un detalle no menor: inteligentes, las autoridades sacaron a todos los efectivos policiales que habitualmente custodian la zona comercial. Primer Plano Online, que siguió toda la manifestación, apenas encontró cuatro uniformados sobre Rivadavia, a los que algunas personas les gritaban con furia “hagan su trabajo”.

La mayoría de los comerciantes al pasar de la enorme columna humana salió a las puertas de su negocio a aplaudir en señal de apoyo. Entre carteles escritos con fibras y letras gigantes, los reclamos fueron apuntados al ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni; al intendente de La Matanza, Fernando Espinoza; al gobernador Axel Kicillof y hasta el propio presidente Alberto Fernández.

No se quedaron al margen de las críticas las autoridades policiales locales ni tampoco la justicia, en particular el juez Marcelo Riquert, integrante de la Sala I de la Cámara de Apelaciones de Mar del Plata, responsable del arresto domiciliario con el que fue beneficiado Alejandro Miguel Ochoa, el motochorro que asesinó a Daglio y que había cometido varios hechos similares en días anteriores. Desde abril estaba en libertad, con lo cual no está clara la secuencia delictiva protagonizada por el criminal, que ya está preso nuevamente.

Entre las varias organizaciones que se sumaron al reclamo hubo integrantes de Usina de Justicia

“Con las últimas fuerzas que nos quedan, queremos agradecer a todos los que hicieron presentes. Mi mamá está presente clamando justicia. Basta de que nos maten. ¿Hasta cuándo vamos a seguir viviendo con este miedo? Tenemos que unirnos y pedir para el Estado pague, que paguen los jueces: me sacaron a mi mamá. Queremos que paguen todos los responsables. Esto no va a quedar así. Esto recién comienza. No nos van a callar”, fue la expresión de una de las hijas de Daglio.

Esas palabras sirvieron para ponerle cierre a una jornada que quedará en la historia. Lo que nadie puede asegurar es que semejante manifestación sirva para que algo se modifique en el status quo establecido.

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