Saturday 2 de July, 2022

Otra vez la discriminación en la escuela: una mamá de Ramos Mejía asegura que entre padres y directivos obligaron a cambiar a su hijo de colegio

La mujer presentó el caso en el INADI por considerar que se violaron los derechos a estudiar de un niño que padece una patología producto de la violencia doméstica que sufrió por parte de su progenitor. Al nene lo recibió una escuela pública de Haedo.

Discriminación en escuela de Ramos Mejía
Mariana con sus dos hijos, de los cuales el menor denuncia que fue discriminado en el colegio Santísimo Redentor

Benjamín, el nene que es protagonista involuntario de esta historia, hizo el jardín de infantes en otro establecimiento educativo y comenzó primer grado en el colegio Santísimo Redentor, de Ramos Mejía. Desde el día en que lo inscribió en esa escuela, su mamá, Mariana B. P., informó a los directivos sobre el padecimiento del niño, al que se lo conoce como Trastorno de la Conducta Social, algo así como la repetición en su comportamiento de lo que ve en su entorno. Tanto el nene como su mamá fueron víctimas de violencia doméstica, a punto tal que el progenitor del chico y de su hermano tiene una restricción perimetral de acercamiento.

Ese es el caso que Primer Plano On Line narra éste domingo, para invitar otra vez a la reflexión colectiva. El año pasado sucedió con el chiquito de San Antonio de Padua con Asperger, que trascendió por la indignación colectiva que provocó la celebración de un grupo de mamás en el grupo de WhastApp del grado. Lo que pasó con el pequeño de Ramos Mejía tiene lazos de contacto, pero con algunas actitudes en el camino que resultan cuanto menos indignantes. Y pedagógicamente despreciables.

Cuando Benjamín llegó al colegio religioso lo hizo con un tratamiento psicológico previo, producto de la violencia que había sufrido en su casa. Pero comenzó el ciclo lectivo 2017 como cualquier otro niño del colegio. De repente, luego del primer mes de clases, su madre comenzó a recibir reiteradas notas en el cuaderno de comunicaciones. Que en nene molestaba, que no lo podían controlar, que no sabía esperar turnos, que tenía conductas agresivas para con sus compañeros, que cantaba en clase y distraía al resto del aula. “Pedagógicamente el nene iba aprendiendo, con buenas notas en el boletín inclusive. Pero el único vínculo que tenía yo como mamá con el colegio eran esos escritos advirtiendo sobre su comportamiento”, contó Mariana al cronista de éste medio que la contactó ayer sábado.

Discriminación en escuela de Ramos Mejía

A Benja lo cambiaron de sección pero en el mismo turno. El director, asegura la mamá, le llegó a decir que “era el peor alumno del colegio” con el transcurso del año. Hasta le propuso una solución: sacarlo del aula y ubicarle un pupitre en el pasillo para que pueda seguir la clase desde ahí. Tal como se lee. La mamá, naturalmente, se indignó frente a la situación y empezó a intentar respuestas del colegio. Hasta propuso pagar de su propio bolsillo un acompañante terapéutico, dado que los estudios neurológicos le dieron la razón para tramitar el certificado de discapacidad. Pero eso lleva tiempo. Y es de lo que, justamente, la escuela parecía no disponer.

Mariana tiene otro hijo, mayor a Benjamín, que también tiene problemas. Es un nene que padece Trastorno Generalizado del Desarrollo (TGD). Son patologías diferentes pero hay algo en común: la socialización es una de sus principales falencias. Y esa mamá fue sintiendo algo que con el paso de los meses corroboró: el grupo de padres, docentes y hasta directivos de primer año del Santísimo Redentor pretendían resolver el caso apartando al chico. Tanto fue así que, en la reunión previa al inicio del año escolar 2018, el director se paró frente a todos los padres y dijo: “El año pasado fue muy duro pero los quería informar que el tema de Benjamín está resuelto y éste año no va a continuar en el ciclo”.

Léase, el colegio pasaba al chico al turno de la mañana por el reclamo de la comunidad educativa. “Casi me desmayo. Hubo una campaña de las madres del aula, que citaron que habían tenido un caso así en el jardín y terminaron haciendo echar al alumno. Le pedí explicaciones al director de por qué había actuado así, exponiendo a mi hijo delante de todos y su respuesta fue que habían perdido mi teléfono, por eso no me lo habían informado antes”. Era el tercer cambio de curso en menos de un año a un niño cuya falencia central son los problemas de socialización.

Mariana explicó que no puede mandar a su nene al turno de la mañana porque le cortan el tratamiento psicológico y el vínculo con la familia, dado que ella trabaja para mantener a sus dos hijos y Benja no vería a su mamá hasta las 23, cuando vuelve de sus tareas laborales. “Creemos que es lo mejor para que sea mejor recibido”, recibió como contestación al planteo. “Debería considerarse agradecida porque éste colegio tiene una enorme lista de espera”, agregó el director.

Entonces, la mujer debió salir a buscar una vacante en todas las escuelas de la zona con las características particulares de Benjamín, y le dio la bienvenida una escuela estatal de Haedo de la cual prefiere no dar precisiones para no exponer a la comunidad educativa. “Me reuní con un gabinete psicopedagógico y lo recibieron de gran manera”, graficó.

Después de conseguir el ingreso en ese colegio nuevo, Mariana denunció el caso en el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), en donde luego de evaluar la presentación decidieron darle curso. “Había un tema médico y sentí que estaban discriminando al nene. Así que por eso fui por la intervención del instituto. Hubo otros casos en el colegio de mamás a las que les hicieron lo mismo y muchas me dijeron que se dieron cuenta que fue una lástima no haber denunciado semejante atropello”, cuenta Mariana.

Por lo pronto, Benja vuelve contento de su nuevo ámbito escolar, en donde hizo nuevos amigos. Está en un grupo más reducido que en la escuela anterior, donde sólo tiene de 22 compañeros más, en contra de los 40 alumnos que formaban parte del curso en el establecimiento de Ramos Mejía. Y Mariana sigue adelante peleando por el derecho de su hijo a estudiar.

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