Thursday 24 de September, 2020

Otro barrio que eleva la voz en reclamo por seguridad, ahora en Ituzaingó

Afirman que, durante la madrugada, jóvenes ingresan a las viviendas y se llevan lo primero que encuentran a mano. Como ayer publicó este medio sobre Haedo, vecinas y vecinos mantienen diálogo directo con la Policía, que responde que no da abasto frente a la demanda y al poco personal.

Uno de los sujetos que ingresó a la vivienda de la vecina que habló con Primer Plano Online fue captado por las cámaras de seguridad privadas instaladas en el barrio

Desde hace tres meses, las familias que habitan la calle Alta Gracia, entre Paso de los Libres y la Piedad del barrio El Pilar, de Ituzaingó, no la pasan nada bien. Con la flexibilización de la cuarentena, empezaron a sufrir hechos de inseguridad en sus viviendas que si bien no son de extrema gravedad sí implican una violación a su privacidad y un daño directo a su economía.

Por caso, Vanesa le contó a Primer Plano Online que es la tercera vez que entran a la casa en pocos días. En los diversos robos que padeció le llevaron a su padre, que es herrero, toda la maquinaria y los elementos que utiliza para su trabajo. “Fue siempre durante la madrugada. La última vez fue ayer lunes, poco después de las 5 de la mañana”, describió la mujer.

La metodología usada por los “rateros”, como los propios vecinos los definen a jóvenes que consideran son de la zona, es saltar las rejas, meterse en las casas y pasan de tapial a tapial. Incluso a veces se terminan yendo sin llevarse nada porque algún perro ladra. Un video registró cómo actuó el sujeto que se metió en su domicilio.

“Después de varios reclamos, el Municipio se comprometió a poner el viernes próximo una alarma vecinal. Además, nosotros estamos en diálogo permanente con el subcomisario Lezcano, de Villa Ariza, que es la zona a la que pertenecemos, pero nos dice que está sobrepasado y con poco personal”, contó Vanesa. “Uno entiende que la Policía trata de hacer su trabajo, pero no alcanza”, agregó.

Según describió, el patrullero de la cuadrícula pasa a la medianoche, aunque una vez y listo, no más. En el robo que sufrió ayer, la mujer tiene un vecino justo enfrente de su casa que observó la secuencia, se identificó como tal y puso en fuga al delincuente. La esposa, mientras, llamó al 911 y cuando avisó que su marido era personal policial a los pocos minutos llegaron cuatro móviles al lugar. “Es como que tenemos que estar acomodados para tener respuestas”, reflexionó Vanesa.

En esa zona, como ocurre en muchos barrios del conurbano, las familias invirtieron recursos propios en seguridad: cámaras de videovigilancia, alarmas, rejas con alambres de púa, armaron grupos de WhatsApp para estar comunicados entre ellos. Pero nada parece alcanzar frente al avance de la delincuencia.

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