Friday 30 de October, 2020

Superó al Covid tras 45 días en coma en el hospital Posadas con un tratamiento experimental: “Me aferré a la vida”

Alejandra Orellana es una abogada oriunda de Vicente López que recibió Hidroxicloroquina. Bajó más de diez kilos y debió luego realizar una profunda rehabilitación para aprender a caminar y a comer. La promesa que le hizo a su hija y el agradecimiento eterno al sistema de salud pública.

Alejandra Orellana con su esposo y su hija: a ambos les prometió seguir luchando y consiguió salir adelante

La historia de Alejandra Orellana se conoció a poco de haber dejado el hospital Posadas, en donde la sacaron delante de un cuadro que parecía irreversible. La abogada oriunda de Vicente López fue sometida a un tratamiento con Hidroxicloroquina, una droga que despertó polémicas y divisiones en la ciencia internacional y cuya efectividad nunca logró comprobarse, a punto tal que dejó de ser usada.

Con un hilo de voz que suena bajo, y una recuperación que todavía está llevando adelante, la letrada aceptó la charla vía Zoom con Primer Plano Online para revivir su historia de superación que la tuvo, literalmente, al borde de la muerte. Alejandra pasó internada en el Posadas desde el 7 de marzo, que ingresó con síntomas y le confirmaron el cuadro, hasta cinco días más tarde que la derivaron a terapia intensiva. En esa área, intubada y con respirador, pasó dormida hasta el 5 de mayo, cuando despertó.

En ese lapso bajó más de diez kilos, y cuenta que no podía sostenerse por sí misma. Cuando abrió los ojos, se le acercó una enfermera y le dijo que lo peor había pasado. Es más: la invitó a que mirara por la ventana porque estaba amaneciendo y Alejandra rompió en llanto. El gesto de la trabajadora de la salud humaniza como pocas otras cosas su tarea, algo que no sale en los grandes medios habitualmente. “No me acordaba lo que era el amanecer. Y lo sentí como un nuevo nacimiento”, revela Alejandra, que a partir de ahora festeja un doble cumpleaños: el 12 de febrero, día en que nació, y el 5 de mayo, cuando despertó del largo coma. Esa fecha, increíblemente, fue en la que vino al mundo su papá.

Tuvo que aprender a caminar otra vez, a pararse, a sostenerse, entender ese ejercicio natural del talón-punta, siempre al inicio apoyada en un andador. Recibió el alta después de un mes cuando su ansiedad pudo más, pese a que los médicos le pedían que se quede un tiempo más. Volvió a casa pero a la semana debió ser internada por otros 25 días por una bacteria intrahospitalaria que había quedado alojada en su cuerpo.

Alejandra está convencida que el virus la atacó en Europa, donde estaba de viaje para finales de febrero. Y que fue sometida a un tratamiento que después fue dejado de lado frente a las dudas que había sobre su eficacia. Encima, el día que fue llevada a terapia era el cumpleaños de su hija, los 19. En ese instante del diálogo deja deslizar las primeras lágrimas. “Pensaba se termina acá, le pedí a mis amigas que la cuiden porque mi marido también estaba internado. Mi marido me pidió que no me rinda y ahí dije que iba a pelear todo lo que pueda. Peleaba contra todo para no irme”, describe.

Orellana tuvo mucho miedo y la pasó muy mal. Cree que hay gente que no la pasa así porque el virus se está debilitando, pero recomienda tener mucho respeto por la enfermedad. Se deshace en elogios para con el equipo médico del hospital Posadas, que “nunca me soltó la mano”. Incluso encontró mensajes en su celular de las enfermeras del nosocomio, que le manifestaban su alegría porque haya “zafado”. “Si ellos no hubieran hecho todo su trabajo yo no hubiera podido”, remata, mientras promete disfrutar las cosas de otra manera.

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